Perra en celo. Mis memorias II


Infidelidad Perra en celo. Mis memorias II Salí del episodio con aquel gordo es**tológico aún más decidida a meterme de lleno en los misterios del sexo, que cada vez me excitaba y me atraía con más fuerza. Recuerdo que no me dejó lavarme nada más que la cara y las manos, arreglarme un poco el pelo y me echó de su casa. Menos mal que llevé el coche y lo había dejado en un parking cercano, porque no estaba demasiado presentable como para volver en autobús.

Cuando entré en casa, con olores de todo tipo sobre mi cuerpo, mis bragas meadas en el bolso, aún en medio de los efluvios de lo que había pasado en mi cabeza, mi marido salió hasta el pasillo, con la mirada encendida de pasión y se abalanzó sobre mí, me abrazó, besándome el cuello y los labios, casi arrancándome el vestido, me echó sobre la mesa de la cocina y me folló con furia, con ansia de a****l salvaje, con una lujuria que era nueva para mí en él.

Tumbada encima de la mesa, con su polla aún llenando de leche mi coño ardiente, supe que esa nueva vida que había emprendido iba a estar llena de felicidad.

Después de darme una buena ducha, asearme bien, perfumarme y volver a reconocerme en el espejo, nos sentamos delante del ordenador a echar un vistazo a las nuevas peticiones. ?Quiero dejarte seca pedazo de puta?, ?Cuando te la meta por el culo no te vas a poder sentar en un mes?, ?¿Me dejas darte un masaje y algo más?? ?Buff, la verdad es que la gente es muy poco original y tiene muy, muy poca imaginación, no te parece cielo?, me dijo Luis.

?Espera, mira?, ?Busco perrita para mis amigos. Están muy necesitados?. ?Vaya, esta parece sugerente? le dije. ?Además el plan ese de grupo es emocionante, ¿no te parece?? ?Sí? le contesté, mientras notaba como mi coño se humedecía sólo de imaginar. El demandante quería un fin de semana, desde el viernes por la tarde hasta el domingo por la tarde, las coordenadas nos mostraban una casa de campo en la Valldigna, a una hora de Valencia más o menos. Quedamos con él para el siguiente viernes.

El viernes por la mañana apenas di una a derechas en el curro pensando en lo de la tarde. Y al final llegó el momento. Luis me acompañó, me llevó hasta allí y quedé con él que me recogería el domingo, a eso de las 20:00, en el mismo sitio.

Caminé unos trescientos metros por un camino, hasta una cancela que ponía ?Ca Romingol?, la abrí y entré. Comencé a escuchar ladridos de perros. No es que me den miedo, pero temía que de pronto vinieran corriendo hacia mí, para alejar a la intrusa. Sin embargo apareció Carlos. Un hombre muy apuesto, elegante, bien vestido, que me saludó con gran simpatía, ?hombre, tú debes de ser Alicia, ¿no?, bienvenida a tu casa?. ?Muchas gracias le contesté? Era una finca muy agradable, con mucha sombra que servía para apaciguar el incipiente calor veraniego.

Me enseñó el jardín, la piscina, perfectamente puesta, con todo lujo. Vaya, esta sí que va a ser buena, fiesta con grupo de ricachones con ganas de darme fuerte, pensé. Entramos en la casa, y estaba puesta con un gusto exquisito, además de muy moderna, cada vez me sentía más cómoda, aparte de que los agasajos y piropos de Carlos no hacían sino incrementarse a cada instante.

Después de echar un vistazo a la vivienda, salimos por una puerta trasera a la parte posterior de la casa. Era alucinante, una extensión enorme de césped super bien cuidado, con árboles por todas partes, varias edificaciones que parecían establos o cobertizos. Pero lo que destacaba por encima de lo demás era una enorme jaula, no sabría decir su tamaño, pero al menos tendría 30 metros de largo por 10 de ancho. Nos dirigimos hacia ella mientras Carlos me seguía hablando: ?me dedico a la cría de a****les, pero sólo de raza. Mira aquí tengo mi joya de la corona actual? Habíamos llegado hasta la jaula, dentro de la que se veían varios perros: ?tengo dos labradores, dos mastines, dos gran danés y dos pastores belgas?.

?Vaya, parecen muy fuertes, tienen una aspecto saludable. Y son muy bonitos, la verdad?. ?Sí, son fuertes y jóvenes, provienen de cruces muy especializados dentro de sus razas. Son a****les muy caros?

Los perros corrían dentro de la enorme jaula animosos, y varios de ellos se acercaron hasta donde estábamos para recibir a su amo. ?¿Y qué vas a hacer con ellos??, le pregunté. ?Pues verás, los quiero convertir en perros de monta, sementales con los que cubrir perras para dar camadas de buena calidad. Se paga muy bien, aunque te parezca una cosa un poco rara?. Callada miraba a los perros y seguí escuchando: ?Por una monta de un ejemplar de raza como estos, que deje preñada a la perra pueden llegar a pagar hasta 500 ?, y un perro puede hacer más de 350 ? 400 montas de calidad en su vida.? ?Vaya, eso es mucho dinero?, dije. ?Claro, pero también hay que cuidar muy bien todos los detalles, no pueden hacer su primera mota hasta los dos años, más o menos, que es cuando ya están maduros, su primera vez, tiene que ser exitosa y placentera para que asocien su instinto natural al placer que les provoca, eso facilita que lo quieran repetir y sean eficaces en su tarea, además el hecho de haberlos criado juntos les ha creado sensación de manada. Cuando les eche a la primera hembra, todos competirán por cubrirla, ser el macho alfa y tratarán de abotonarse para dejarla preñada?.

Estaba alucinada con todo lo que me decía, pero lo del abotonamiento me sorprendió, porque no tenía ni idea de qué era ?consiste en que el perro deja el pene erecto dentro de la hembra y este se hincha, de tal modo que no se puede sacar hasta que se deshinche, puede ser desde 30 minutos hasta dos horas, mientras no para de eyacular sobre la hembra. Es una forma de tratar de asegurarse la procreación. Cuando hay competencia entre perros es más fácil que se produzca?

?Bufff?, es lo único que acerté a decir, ?cuando encuentres a esa perra, no quiero ni pensar la situación con todos esos perros tratando de montarla, para ella también será muy excitante?. Me miró fijamente y me dijo: ?Ya la he encontrado: Busco perrita para mis amigos. Están muy necesitados.?

Me quedé petrificada, o sea que yo era la perra a la que iba a meter en esa jaula. ?Pero.., o sea, no sé? No me salían las palabras, no sabía que decir. Él volvió a hablar, ?no temas, solo tienes que empezar por acercarte a ellos, jugar, tocarles, acariciarles, correr a su lado, pronto te tomarán por una de ellos. Te aseguro que cuando así sea experimentarás un mundo de placeres que nunca habrías sospechado. Es muy importante que todo el tiempo que estés dentro asemejes su comportamiento lo más posible al de ellos, correr, comer, hacer tus necesidades, dormir, todo lo harás ahí dentro con ellos, y además desnuda, como están ellos?.

Todo lo que decía me sonaba alucinante, pero no sé por qué me excitaba, me notaba cada vez más caliente. Uff, follada por perros, ocho perros enormes queriéndome montar, menuda experiencia. Esto sí que no lo esperaba. Carlos me ayudó a desnudarme, recogió mi ropa y la dobló cuidadosamente, mientras me dijo, ?ponte a cuatro patas?. Le obedecí. Al ver mi espalda curvada y mi culo elevado resopló y dijo, ?estoy seguro, serás la perra perfecta?. Antes de abrir la jaula me dijo, ?espera, falta un detalle?, abrió un bote, se echó un líquido en las manos y empezó a frotarme con él, la grupa, las piernas, los muslos, el culo, mis tetas, que tenían los pezones endurecidos, me untó bien el ano y también el coño, que estaba ya completamente empapado por mis propios jugos. Me dijo ?ahora sí?, abrió la jaula, me dio dos azotes para que empezara a andar y entré. Cuando cerró tras de mi me giré y le pregunte ?por curiosidad, ¿qué era eso??, ?una ayudita para que te consideren de ellos, pis de perra en celo?

A cuatro patas, oliendo a pis de perro, encerrada en una jaula con ocho fieras que seguro querrían montarme antes o después, me sentí extraña, muy extraña, una mezcla entre humillación y deseo, entre ansia porque aquello terminase y por disfrutar cada instante a tope. La voz de Carlos me llamó desde fuera de la jaula, ?Linda, Linda, no te preocupes por lo de la grabación para tu marido, no se va a perder nada? y me señaló alrededor de la jaula un montón de cámaras que rodeaban el recinto.

Cuando volví sobre mí, vi como los ocho perros se habían acercado ante la novedad. Rápidamente me rodearon y empezaron a lamerme y a olerme. Sentí un poco de miedo, pero a la vez, me sentía en un estado de excitación como nunca antes había vivido. Uno de los labradores metió su hocico de lleno entre mis piernas, yo las abrí ligeramente para dejarle hacer, sacó su lengua y me dio un lengüetazo, me estremecí, siguió lamiéndome y noté que me gustaba, abrí más mis piernas y arqueé la espalda, él seguía lamiéndome sin parar. Inmediatamente uno de los mastines, ladró, empujó al labrador y trató de montarme. Ese ladrido fue como el pistoletazo de salida para la orgía de ladridos y aullidos amenazadores que se empezaron a dedicar entre ellos. Todos me querían montar, me relamían, mordisqueaban, pero a la vez tenían que zafarse unos de otros. Yo allí en medio, ni me movía, a cuatro patas, recibiendo alguna embestida, algún arañazo también. Los dos pastores y los dos mastines son los que se mantuvieron en la brega, hasta que uno de los mastines y otro de los pastores se pusieron más y más nerviosos, dando vueltas a mí alrededor, haciendo algunas intentonas más de montarme. De pronto se giraron, enfrentándose uno al otro, se ladraron y se enzarzaron en una pelea, ladridos, mordiscos, aullidos, incluso algo de sangre. Al final el pastor, se dio por vencido, se retiró unos metros, y esperó. Habían establecido la jerarquía, y seguramente el turno.

El mastín, envalentonado, resoplando y lanzando babas por su hocico y por su boca, se acercó a mí. Su lengua enorme me lamió el culo por entero. Estaba claro que yo era su trofeo y lo quería mostrar a todos. Me lamió más y más, notaba mi culo chorreando por sus babas. Como si supiera lo que hacía, se encaramó sobre mi grupa y me clavó a la primera, pero el muy cabrón no pilló el coño, lo que encontró fue mi culo, pero le dio igual. Me la metió con violencia, grité, eso le excitó más aún, empujó más y más fuerte, a cada embestida me arrastraba hacia adelante y me la clavaba más adentro, a la vez notaba como crecía y crecía dentro de mi culo. Sus pezuñas sobre mi espalda la rasgaban en cada empujón, no paraba de golpearme con fuerza, sentía dolor y placer sin saber cuál era mayor , pero yo no era la que decidía cuando parar aquello. Notaba sus babas cayendo sobre mi espalda y su semen, que llenaba a litros mi ano, chorreando por mis muslos. Entonces fue cuando sentí como si me empezaran a hinchar un globo dentro del culo, el dolor y el placer, a partes iguales, empezaron a hacerse insoportables. Se paró. Bajó y se dio la vuelta. Tiró de mí. No me podía separar, me empezó a arrastrar por el recinto enjaulado, mis gritos eran desgarradores, creía que me iba a partir por la mitad. Me llevó hasta su rincón y allí, abotonado a mí, siguió llenándome de leche. Noté como mi culo sangraba un poco, una mezcla de semen, y sangre, chorreaba por mis piernas, creo que perdí el conocimiento,

Al rato de estar así sin poder separarme de él, uno de los daneses se atrevió acercarse, empezó a lamerme la cara. Su contrincante no quería hacer nada, ya había conseguido su objetivo y le dejó. Me lamió los rasguños de la espalda, despacio como queriéndome calmar, pero no se acercó a la parte trasera para no alterar al mastín que seguía abotonado a mí. Vi cómo su pene alargado y rojizo estaba fuera del capuchón. Sin alterarme decidí agradecer sus cuidados, me incorporé apoyada sobre mis manos y le acaricié la polla, despacio, se sobresaltó, aulló ligeramente, pero no se fue, al revés, se acercó más, tanto que me permitió lamerle con mis labios. Despacio, muy despacio se la empecé a chupar, notando como se iba excitando más y más, deseaba meterme la polla de ese perro más dentro de mi boca, ansiaba hacer que se corriera dentro mí, pero sabía que no era para eso para lo que me habían llevado hasta allí, le mantuve con caricias y lametones excitado hasta que tres cuartos de hora después el mastín se soltó. Inmediatamente, le empujé fuera de mí, él, exhausto y satisfecho, no hizo nada, me di la vuelta y me ofrecí al danés. Mis olores, mezcla de perra en celo, sangre, semen de macho y mis propios flujos hicieron que de modo inmediato se encaramara sobre mí y me clavase.

No era tan brioso como su compañero, pero parecía tan delicado como si fuese humano, su tacto suave, hizo que me corriese un par de veces con él. No se abotonó pero me llenó de leche tanto como su predecesor. Cuando se bajó, se aplicó en lamerme el culo, el coño y los muslos, de tal modo, que hizo que me empezaran a temblar las piernas y me corriera de nuevo. Fue increíble.

Cuando acabó, me incorporé como pude. Apenas me podía sostener en pie, miré a mi alrededor con ánimo de lavarme un poco y comer algo. Vi a mis amigos correteando por el césped sin dejar de mirarme, tres de ellos en una esquina comiendo, me acerqué hasta allí. Cada uno tenía un comedero con su nombre. Había uno con un nombre que me resultó familiar, Linda. ¡¡Pero qué cabrón!! Me había puesto un comedero como si fuera una perra más. Estaba decidida a llevar esta aventura hasta el final, o sea que me acerqué y me puse a comer sin pensar en nada más.

Después de saciar mi apetito con una comida que prefiero no pensar si era para uso humano, vi un pequeño estanque con agua, me acerqué y me lavé un poco la cara, me limpié los sobacos y el cuello. Decidí que no me iba a lavar nada más, para mantener mi olor a perra en celo, a pesar de que mi aspecto parecía lamentable.

Los dos pastores me miraban desde una distancia cercana, vinieron hasta mí. Directamente vi como uno de ellos tenía la polla fuera. Uff era muy grande, y seguro que todavía no estaba a tope. Quería follármelo, mi ser de perra me había inundado por completo. Me puse a cuatro patas y empecé mi ritual de seducción canina, algunos movimientos, pero sobre todo la espalda arqueada ofreciendo mi coño. Se acercaron los dos, olfateándome y lamiéndome. Eran perros muy grandes y la verdad es que después de mi primera experiencia se me habían pasado los nervios, sólo quedaba la excitación.

Los dos se enzarzaron un poco, pero parecía que trabajaban en equipo, porque no hubo demasiada disputa. Uno de ellos se puso sobre dos patas, puso sus pezuñas sobre mi espalda y trató de penetrarme, lo intentó una vez, dos veces, no era capaz, y en cada movimiento sentía sus pezuñas rasgando mi ya maltrecha espalda, al final, me arqueé completamente, poniendo mis tetas sobre el suelo y dejando mi culo completamente expuesto, en ese momento, otro movimiento brusco del a****l y sentí una enorme tranca clavada de golpe en mi coño. ¡¡¡Ufff era muy grande !!!, sentía al perro moverse con fuerza detrás de mí, clavándome a cada embestida su enorme pene más y más dentro, notaba en cada movimiento cómo soltaba un montón de leche, que chorreaba por mis muslos, y le oía un ligero aullido a cada empujón. Noté de nuevo la sensación del globo inflándose dentro de mi coño, fue de nuevo una sensación indescriptible, todas las zonas erógenas de mi chocho estaban saciadas, empecé a correrme y a gritar como loca, estaba teniendo una corrida inmensa siendo follada por ese bicho. Cuando fui capaz de volver a la normalidad y respirar con calma, intenté separarme del pastor, imposible, noté como un tirón, y un dolor fuerte, me quedé quieta, sintiendo como me llenaba de semen.

El otro, que no se había alejado, también quiso su parte, se subió como pudo encima de mí, aprovechando el volteo de su compañero, e intentó metérmela por el culo, empecé a gritar de nuevo, mis agujeros no daban para tanto, pero mis gritos a esos a****les les sonaban a invitación a seguir, y al final logró acoplarse también a mí. Sus movimientos llenaron de nuevo mi culo de leche. Pero por suerte no me penetró muy dentro y su bola no creció dentro de mí. Me dejaron al cabo del tiempo, tumbada en el suelo, medio desvanecida, respirando de manera entrecortada, agitada, con mi coño y mi culo palpitando con su propio pulso y sintiendo el olor y el placer del sexo en estado puro.

Cuando me desperté, no sabía cuánto tiempo había pasado. Carlos acariciaba mi piel desnuda, mientras me decía ?Linda, eres mucho mejor perra de lo que yo me imaginaba, si quieres podemos dejarlo aquí, creo que ya has cumplido tu misión, estoy seguro de que serán unos sementales impresionantes?. Le miré fijamente y le dije: ?no es por ti, ni siquiera por ellos. Es por mí?, y poniéndome a cuatro patas me encaminé hacia el centro de la jaula aullando para reclamar que mi manada viniese a montar a su perra en celo.

Comentarios para Perú chicas bonitas

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