Mi noche con aquel policía!...


Infidelidad Mi noche con aquel policía!...
Ese viernes por la tarde al salir de mi trabajo en la Universidad, pasé al centro comercial para surtir varias cosas de mi despensa, legumbres, aceite, leche y vino entre otras cosas; al dirigirme a mi auto, no pude evitar admirar en el aparador de una zapatería, unas hermosas zapatillas negras de tacón alto, de no menos de 10 centímetros, la punta era cerrada y el talón descubierto, justo como me gustaban, estaban adornadas con sutiles correas para sujetarlas al talón. A pesar de que mi presupuesto era muy restringido, decidí comprarlas, así que fui a mi coche a dejar mis compres y regresé a aquel local; un poco apenada le pregunté a la intendente que sí las tenía en talla 7 aclarándole que las quería para un regalo, ustedes saben de esas sensaciones que tanto nos aquejan; a los pocos minutos, la señorita regresó con una caja, de la cual, sacó aquellas bellas zapatillas para mostrármelas, - En caso de que no le quedaran, ¿Podría cambiarlas?- , le pregunté, tratando de disimular mis verdaderas intenciones; - ¡Claro, solo guarde la nota de compra!-, me dijo ella; sin más le dije que las llevaría; de manera muy amable, ella las envolvió y hasta decoró la caja con un coqueto moñito rosa.
Al llegar a casa, no perdí el tiempo, me senté en el sofá de la sala, desnudé mi pie y enseguida me calcé una de ellas, al vérmela puesta, sentí como cada centímetro de mi cuerpo se estremecía, sin dudarlo me levanté, me dirigí a mi habitación para así empezar a tomar una ducha y quitarme de encima aquella ardua semana de trabajo.
En mi armario, tengo un área exclusiva en donde doy acomodo a toda mi ropa femenina, esa ocasión, opté por vestir completamente de negro y combinar con mis nuevas zapatillas; saqué unas braguitas negras con refinado encaje y un discreto sostén con el que coordinaba perfectamente; de otro cajón saqué un par de medias negras muy transparente y con ajuste elástico para los muslos; finalmente, elegí un vestidito negro el cual, me encantaba, pues se me ceñía sensualmente a mi cuerpo adornando mi espalda con uno finos tirantes en los hombros y cuya sutil caída, permitía presumir mis piernas desde la mitad de mis muslos.
Ya estando toda aquella ropita sobre mi cama, el rictus daba inicio, desde el mismo momento de tomar las pantaletas, una deliciosa prenda, sedosa, suave y elegante, que al tocarla, siempre me hace temblar, pero más aún cuando la recorro por entre mis piernas y que al llegar a su destino, basta con ocultar en mi entrepierna la evidencia natural de mi género, presionándolo amablemente hasta que aquellas bragas se encarguen de mantenerlo fuera de la vista, dejando a la vista, la apariencia de un bajo vientre liso y terso.
Mi exacerbada excitación hace que tome aquel satinado sostén, lo deslizo suavemente por mi mejilla para sentir su delicada textura, con algo de impaciencia, lo vuelvo a colocar sobre la cama, de un cajón saco un rollito de tela adhesiva blanca, con cierta destreza, recojo mis pechos y los ajusto con la cinta para obtener una sensual pliegue, el cual acentúa el volumen de mis senos al ponerme aquel vaporoso brasier; coloco los tirantes negros sobre mis hombros, dos pequeños trazos rectos que embellecen grandemente el tono matizado de mi espalda.

Me siento en el filo de la cama, tomo las medias, la más preciadas de mis prendas, introduzco mis manos y brazos entre ellas, las observo, contemplando su elástica consistencia y su hipnotizante transparencia; enseguida, tomo una de éstas y la empiezo a enrollar en sí misma hasta llegar a la punta y comenzar a desenrollarla por entre una de mis piernas; los dedos de mi pie se ven hermosos, cubiertos por aquella aterciopelada transparencia, continuo avanzando por la planta del pie, voy sintiendo la suavidad y gozando su textura, llego al talón, el pie está cubierto, separar los dedos y moverlos dentro de su fina presión, me otorga una bella sensación, es fantástico, avanzo, no me detengo, desenvuelvo aquella femenina indumentaria por la espinilla, llego a la rodilla, hago una pausa para asegurarme con la palma de mis manos que vaya quedando bien ajustada, desde la punta de mi pie hasta la coyuntura de mi pierna. Remato la excitante situación ajustando mis medias a mitad de mis muslos, un encaje elástico los presiona suavemente, presumiendo el contraste entre la vaporosa textura negra y el tono claro de mi piel. Repito la misma operación con la otra pierna.
Mi pene me duele, ya que trata de lograr su máxima erección, pero descubre que se encuentra atrapado entre mis muslos y el nylon de aquellas sedosas pantaletas, pero trato de no excitarme, pues falta lo mejor; vestir mis zapatillas nuevas. Inicio deslizando la planta de mi pie sobre la resbalosa plantilla de aquel provocativo calzado, siento como poco a poco se amolda perfectamente a mis pies; con sutil encanto ajusto las correas alrededor de mis talones y mis tobillos, estoy que ardo, es una sensación extraordinaria; mi corazón late con fuerza y un temblor inquietante embarga mi cuerpo; al levantarme de mi cama me veo al espejo; me excita tan solo verme durante aquel proceso de transformación. Como mi cuerpo es muy esbelto nunca he tenido problemas en lucir femenina. Finalmente tomo aquel vaporoso vestidito negro, lo introduzco por mi torso y lo dejo caer cubriendo automáticamente mi espalda y mis caderas hasta la mitad de mis muslos. Camino un poco por la habitación. Voy rozando mis piernas y trato de escuchar la fricción que provocan mis medias, es una melodía afrodisíaca; empiezo a jugar con mis zapatillas, me imagino estar en un lugar público y ser testigo al mismo tiempo de todo aquel escenario, el cosquilleo que normalmente experimentaba al verme travestida ahora se manifestaba con fuertes punzadas en un pequeño punto debajo de mi ano, tuve las incontenibles ganas de masturbarme ahí mismo, pero supe aguardar hasta estar completamente travestida; saqué mi estuche de maquillaje y mi tocado de cabellos rizados; los años me han hecho experimentar de mil formas la mejor manera de maquillarme y peinarme como toda una mujer, por lo que ahora más que nunca puedo lucir tan afeminada como cualquier chica. Al ver finalmente mi imagen en el espejo, no pude evitar sentirme nuevamente excitada, embriagada de placer y de erotismo infinito. En esos momento siempre pensaba, ¿Habrá una mujer en el mundo que comparta con igual placer estos mismos instantes?. Empecé a sentir como se humedecía mi entrepierna, comenzaba a secretar aquellos fluidos previos a un orgasmo, tuve que detenerme y relajarme, ya que quería que apenas aquel fuera el inicio de mi gran noche de placer y, como el buen sexo, no basta con querer sentir una extrema satisfacción en los primeros momentos, ya que éstos suelen ser breves, sino dejar que poco a poco vaya madurando hasta lograr el punto del verdadero clímax por sí solo.

Estaba que explotaba, me apreciaba tan femenina que lentamente me llegó aquella contradictoria necesidad de verme travestida fuera de los muros de mi hogar; para mí, ya no era nuevo atreverme a salir vestida así a la calle, ya que lo había venido haciendo desde mi adolescencia, casi desde mi niñez, sin embargo, no puedo negarlo, cada vez que quiero hacerlo, parecería que fuera la primera vez; sin más, tomé unos jeans y un abrigo, cubriendo tanto mis piernas como mi torso, ocultando a la vista mis femeninas ropas.
Siendo como las diez de la noche, tomé las llaves de mi auto y el accesorio que nunca debe faltarle a una mujer, un bolso, abrí lentamente la puerta de mi departamento, pues siempre existía la posibilidad de que alguno de los inquilinos pudiera salir y descubrirme; al ver el pasillo libre, salí lo más silenciosamente posible para dirigirme a la cochera del edificio, caminando a hurtadillas, evitando en todo momento que el ruido de mis zapatillas me delatara. Ya, dentro de la seguridad de mi auto, me quité el abrigo y los jeans, colocándolos en el asiento trasero, encendí el motor, abrí la puerta automática de la cochera, salí del edificio y empecé a transitar por la ciudad.
El saberme conduciendo vestida de esa manera me excita enormemente, pues al pasar cerca de algún otro auto o de algún peatón, siento cierto grado de libertad, figurándome que el mundo me acepta tal como soy, aunque al parar momentáneamente en algún semáforo o por el intenso tráfico, no logro evitar sentirme un poco nerviosa.

Normalmente al conducir, no tengo un rumbo fijo, tan solo parecería que buscara dentro de todo, un sitio sin tanta gente, pues paradójicamente a querer ser admirada, el miedo a ser descubierta me embarga angustiosamente. En aquella ocasión, terminé conduciendo entre algunos estrechos callejones aledaños al conocido ?Dique?, cerca del centro de Xalapa, pues ya había tenido la oportunidad de estar ahí con anterioridad y me daba la sensación de seguridad; estacioné mi coche en un sitio poco alumbrado y apagué el motor, tras quedar todo en silencio, sentí como mi pecho vibraba del miedo y la emoción; aguardé varios minutos sentada, sin animarme a salir, pues aún había varios transeúntes a pesar de las altas horas de la noche; más tarde, sentí que ese era el momento adecuado para salir, tomé mi bolso y abrí la portezuela del vehículo, sentí como aquella helada noche de enero abrazaba mis piernas cubiertas con el delgado velo de mis medias, aquel frío se trasminaba también por la fina tela de mi vestido, haciendo tiritar mi cuerpo; como si fuera en cámara lenta me fui bajando del auto, nerviosamente miraba para todos lados, al cerrar la puerta del auto, hubiera pareciendo que aquel sonido fuera un cañonazo que avisaba a todos que ya había llegado, pero enseguida el silencio volvió a reinar en el lugar, tal parecía que yo era la única en aquel sitio, no pude evitar sentir algo de miedo, pero el éxtasis me invitaba a seguir con todo aquello.

Empecé a caminar de forma titubeante por aquella calle, pero lentamente me fui sintiendo en confianza, haciendo sonar rítmicamente el taconeo de mis zapatillas, de pronto, me encontré con una pareja de novios que venían a mi encuentro, mi corazón empezó a latir descontroladamente, mi reacción inmediata fue el de regresar rápidamente a mi auto, pero logré controlarme y seguí mi camino como si nada, terminaron pasando a mi lado casi sin notar mi presencia, lo que me dio mayor seguridad para seguir caminando por aquella calle; tras dar vuelta la esquina mi corazón volvió a dar un vuelco, pues a pocos metros, se encontraban varios jóvenes fumando frente a un bar, así que decidí no seguir por esa misma banqueta sino cruzar la calle y alejarme de ellos, sin embargo, al verme, empezaron a chiflarme y a decirme varios piropos subidos de tono, pero que a mí me parecían palabras muy excitantes, pues en definitiva me estaban viendo como a una mujer. Seguí caminando un par de calles antes de decidir dar la vuelta a la cuadra y regresar, ya que el frío empezaba a calarme en las piernas. No tuve ningún otro encuentro durante mi regreso, por lo que de alguna manera sentí cierta decepción.
Al llegar a mi auto y justo cuando inserté la llave en la ranura de la portezuela, detrás de mí se encendieron las luces de otro automóvil, apenada me subí rápidamente a mi vehículo, pero el miedo me invadió cuando enseguida se encendieron las luces tricolores de una torreta. ¡Era un auto patrulla de policías!, traté de quedarme quieta, esperando que nada hicieran, pero fue inútil, pude ver como uno de aquellos oficiales bajó del vehículo y se dirigió hacia el mío con una linterna en su mano, era un policía regordete y de mediana edad, me pidió que bajara la ventanilla, a lo cual no tenía otra opción más que obedecer. ?¡Buenas noches!- me saludó y aunque yo ya sabía agudizar mi voz para hacerla parecer un poco más femenina, le respondí de manera amable pero haciendo notar mi total nerviosismo, - ¡B-bu-buenas n-noches oficial!-, él me preguntó sí todo estaba bien, pues le extrañaba que una mujer se encontrara sola a esas horas de la noche, le dije que estaba esperando a que mi novio saliera del trabajo, pues él trabajaba en el bar de la esquina (aprovechando el encuentro que tuve momentos antes), pero por mi aparente nerviosismo, el policía me pidió una identificación, - Solamente por seguridad- dijo él, sin saber qué hacer, le dije que había olvidado mi bolso en casa y que no traía ninguna otra, fue cuando aquel policía empezó a alumbrar con su linterna el interior de mi coche, percatándose tanto de mi bolso como de los jeans que estaban en el asiento posterior, - ¡Por favor Señorita, muéstreme su licencia de manejo!-, en aquel momento yo ya estaba temblando de miedo, sin mayor alternativa, tomé apenada aquellos jeans para buscar mi cartera en los bolsillos, mientras tanto, el oficial no dejaba de alumbrar mi cuerpo de pies a cabeza.

Finalmente tuve que darle mi licencia, la aluzó para revisarla, esperándome a partir de ese instante lo peor; tras verla, volvió a alumbrarme con su linterna, primero al rostro y luego al resto de mi cuerpo, sin poder ocultar su asombro, agregó, ? A ver, por favor, le pido amablemente que baje de su automóvil-, tras sentirme descubierta, no tuve otra opción que obedecer y bajar de mi vehículo, al hacerlo, pude darme cuenta que de la patrulla estaba descendiendo otro oficial de complexión delgada, el cual se empezó a acercar lentamente por el otro lado de mi coche; el policía regordete que estaba a mi lado, no dejaba de alumbrar mi cuerpo, como sí quisiera enseñárselo al recién llegado, diciéndole, - ¿Cómo la ves compañero?-; yo me sentía completamente apenada, tratando de cubrir mi cuerpo con mis manos y brazos, -¿Qué hizo la Señorita Sargento?-, preguntó aquel oficial, haciendo que rompiera en carcajadas el policía rechoncho que se encontraba a mi lado, quién agregó, ?¿Por qué hace estas cosas?, ¡No ve que son faltas a la moral, ¿Ya ve?, hasta logró confundir a mi colega!-, tras decirme eso, comentó que aquella falta debía ser valorada por un Juez Calificador, logrando ponerme extremadamente nerviosa, por lo que le pedí de favor que no lo hiciera, - ¡Parece toda una mujercita ¿verdad?- añadió el Sargento, fue cuando el otro policía se me acercó, iluminándome también con su lámpara de mano, es donde pude percatarme que se trataba de un hombre joven, cuya rostro denotaba estar totalmente sorprendido, a tal grado que parecía no poder articular palabra alguna mientras me miraba de arriba a abajo; sin más, el Sargento me dijo que me subiera a la patrulla; aunque aterrada, trataba de no perder la compostura, así que tomé mi bolso, cerré mi automóvil para posteriormente subirme al asiento trasero de aquella patrulla, pero antes de cerrar la portezuela, el policía regordete se encuclilló para preguntarme por qué hacía yo eso, apenada, no pude evitar sonrojarme, respondiéndole que me gustaba verme y sentirme de esa manera, que no pensaba que pudiera lastimar u ofender a alguien haciendo aquello en aquel lugar tan solitario, después de escucharme, me vio, volteó hacia su compañero y le preguntó, -¿Qué dices colega?-, el otro oficial, aún confundido, no dijo nada; -¡Pues usted dice como nos arreglamos!-, dijo el Sargento; aquellas palabras fueron como música para mis oídos, así que de mi bolso saqué el dinero que llevaba y ofrecérselo, al verlo, me dijo. ?¡Nooo, como cree! ¡Con eso no alcanza!, ¿Verdad compañero?, rásquele más, si no ¡Vamos a tener que llevárnosla!-, pero le aclaré que era todo lo que tenía, -Pueees?. si no tiene más, ¡Tenemos que ver la forma de cobrarnos!, ¿No es cierto colega?-, tras decir eso, aquel oficial aún encuclillado, comenzó a desabrochar su pantalón, aquel silencio fue interrumpido por el sonido de su bragueta, pude vislumbrar entre aquella penumbra, un alargado y grueso bulto que le colgaba por la entrepierna, entre tanto el oficial más joven al ver aquello, quiso mantenerse al margen, se alejó unos metros de la patrulla como para montar vigilancia; - Vamos, ¡Agárrala!-, dijo el Sargento, -Esto puede quedar solo entre nosotros, ¿O quieres que más personas se enteren en la oficina del Juez?-, agregó; con mi mano, temblando de nerviosismo, me atreví a tomar aquel bulto, el cual se encontraba extremadamente caliente, al hacerlo, el policía se estremeció; era tan grueso aquel miembro que no podía rodearlo del todo con mi mano y sin decir más, comencé a acariciarlo, enseguida aquel falo empezó a ponerse duro, erigiéndose descomunalmente, con la tenue luz del habitáculo de la patrulla pude ver como en la punta de aquella verga empezaban a surgir unas espesas gotas de líquido seminal, así que continué con aquellas rítmicas caricias esperando que todo aquello terminara pronto; sin embargo, aquel hombre me detuvo, me tomó por la cintura tratando de voltearme, quise resistirme, pero terminó por girarme y ponerme de rodillas sobre el asiento, dejando a su disposición m trasero, lentamente me levantó el vestido, develando la transparencia y el encaje de mis pantaletas, de momento pareció conformarse con ese panorama, pero tras unos segundos, pude sentir como me besó entre la ranura de mis nalgas, aquello cimbró mi cuerpo, invadiendo todo mi ser de una inquietante sensación, una mezcla de miedo pero al mismo tiempo, un sutil cosquilleo en mi estómago que me embargaba de emoción; enseguida me bajó las bragas, pudiendo sentir como el viento frío de la noche acariciaba mis nalgas, con sus pulgares se abrió paso, dejando a la vista el orificio de mi año, sin mayor recato intentó montarse sobre de mí, yo, le decía que me soltara, pero él me cuchicheaba al oído, - Sí a ti te gusta cómo te ves, ¡A mí también!, te ves como toda una mujercita, así que te voy a convertir en una de a de veras!-, en ese momento, sentí como algo duro y caliente se estrellaba una y otra vez con mi ano; entre tanto, él se deleitaba besándome el cuello, con sus manos acariciaba mi pecho, mis caderas y mis muslos, excitándolo aún más al sentir la suavidad de mis medias; yo me encontraba extremadamente confundida, mi mente parecía un torbellino, pues a pesar de estar aterrorizada, pude sentir como mi cuerpo se empezó a llenar de una tibia y agradable sensación al sentir aquellas caricias, sin embargo, aún me resistía, pero sabía que tras cada una de aquellas e insistentes embestidas, mi ano terminaría por dilatarse, tan solo se detuvo para ensalivar un poco mi cola y seguir con sus estocadas una y otra vez; yo estaba deseosa de que cediera ante su incapacidad de penetrarme, pero no se detuvo, hasta que finalmente, sentí como la cabeza de aquel falo se introdujo de golpe en mi ano.

Un chillido escapó de mi garganta y algunas lágrimas rodaron por mis mejillas, pero no se detuvo, de reojo, pude darme cuenta que mientras aquel hombre me fornicaba, el otro policía se masturbaba; el Sargento continuó aserrándome incesablemente, hasta que de un artero empujón me lo metió completamente, pero yo sabía que aquello apenas era en principio, empezó a sacármelo lentamente, por lo que sentí un poco de alivio, pero antes de extraerlo en su totalidad, me lo introdujo de nuevo, siguió repitiendo ese movimiento haciéndolo cada vez más y más rápido, yo me arqueaba no sabía si de dolor o de placer, nunca había experimentado esa sensación tan intensa, fue en ese momento cuando comencé a escuchar un lánguido gemido el cual resonaba cada vez más fuerte, hasta que me di cuenta de que era yo misma, mientras él me decía; -¡Estás más buena que mi vieja!-, y continuó cogiéndome durante un largo rato, al tiempo que yo seguía convulsionada con ésa dulce mezcla de placer y dolor; de pronto, rodeó mi cintura con ambas manos para tratar de penetrar al máximo su verga, mi corazón palpitaba descontroladamente, podía sentir cada latido en mi garganta, un calor abrazador se había adueñado de mi cuerpo, mi piel con cada leve roce, se extasiaba con oleadas de placer; sin más, sentí como él se estremecía, una extraña sensación de gorgoteo se manifestó en mi interior, sabía que aquel hombre estaba eyaculando dentro de mí en ese momento, estaba vaciando un fuerte torrente de semen ardiente en mi interior, me sentí completamente invadida, poseída y sometida por un hombre que me acababa de convertir en toda una mujer, tras aquel intenso éxtasis yo también eyaculé abundantemente sobre el asiento de la patrulla, él se recostó sobre mi espalda, mientras continuaba acariciándome mi cintura y besándome la nuca; al estar yo en esa posición, alcancé a ver como el otro policía también se había venido.

Tras un largo rato, el que se encontraba sobre de mí se fue levantando lentamente, sintiendo como su flácido miembro salía resbalosamente dentro de mí, dando lugar a un extraño sonido que se dejó escuchar, curiosamente voltee para saber de qué se trataba, me sorprendí al ver que era el ruido del semen que escurría de mi ano y se estrellaba en la acera de la calle, -¡No te preocupes, embarazada no vas a quedar!-, me dijo mientras guardaba su miembro dentro de su pantalón. Me senté en el asiento de la patrulla, procurando no mancharme con todo aquel semen que me rodeaba; el policía me dio una caja de pañuelos con los cuales empecé a limpiar aquella lechada que segregaba mi culo y escurría por mis muslos, me subí las pantaletas y acomodé mi vestido, -¡Listo!, ahora sí ya se puede ir Señorita- me dijo el policía dándome mi licencia, la metí en mi bolso y lentamente me fui caminando a mi coche, resonando sobre la acera el sonido de mis tacones, inclusive en ese momento, ambos oficiales no dejaban de alumbrar mi cuerpo con sus linternas, no fue sino hasta que los policías se subieron a la patrulla y se alejaron cuando decidí arrancar mi auto e iniciar mi regreso a casa.

Llegué cerca de la media noche, ya en mi departamento medité en todo lo que había desatado mi desenfreno, pasaron varios días en los que recordaba aquella experiencia no como algo adverso, sino como algo excitante. Desde entonces, no he regresado a aquel sitio jamás; sin embargo, después de un año, al dirigirme a mi trabajo y transitar por una de las avenidas céntricas de Xalapa, pude identificar a uno de aquellos policías, se trataba del oficial joven quién se encontraba levantando una infracción a un automovilista, en esos momentos pensé que tanto ellos como yo conservábamos un excitante recuerdo en común, una fría noche de éxtasis y lujuria que mantendríamos todos en secreto, hasta ahora, que he decidido publicar esta historia y puedan conocer a lo que nos puede llevar una noche de placer.

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