El vecino viejo verde seduce a una esposa sola


Infidelidad El vecino viejo verde seduce a una esposa sola (Una historia mas que me encanto y comparto con vosotros)




Menuda putada este año. Pablo y yo habíamos ajustado nuestras vacaciones a la perfección, pero justo el fin de semana anterior le plantaron un viaje. Tuvimos bronca, pero al final, el deber llama. Él se marchó y yo me quedaba en casita sólo toda la semana.

De modo que ando sola en casa. Y con el calor que hace, toca piscina, claro. Será un poco extraño estar ahí solita. Con Pablo apenas puedo tomar el sol. Él es más de bajar, bañarse y subir. Hoy podré aprovechar, así que elegiré un bikini pequeño. Brasileño, que toca torrarse. Además, como tengo los pechos pequeños, puede ser uno muy muy pequeño. Bueno, las bragas no son tan pequeñas, quiero decir, con lo que se ve hoy día. Y aunque gasto buen culillo, tampoco me gusta enseñarlo. En general no me gusta enseñar demasiado. No es que no pueda, porque aunque soy poco voluptuosa, soy bastante delgadita.

No hay mucha gente y cojo buen sitio al sol. Coloco el bikini para que entre el sol lo más posible en mi cuerpo y, al hacerlo, me parece ver un movimiento en las cortinas de casa... ¿cómo es posible? No, error, no hay nadie en casa... es en la ventana de al lado. Pero, según me fijo, veo que tras las ventanas aparece el jodío Roberto. Y joder está mirando... y aquí en la piscina no hay nadie... ¡el muy guarro me está mirando a mí!

Hago como que no lo he visto, pero no puedo dejar de pensar en que el guarro de mi vecino me está mirando. De vez en cuando abro los ojos y veo que está ahí... mirándome...Pienso en subir a casa y cantarle las cuarenta, pero no, este cabrón no va a hacer que deje de tomar el sol. Además, no me gustan mucho los conflictos.

Sigo ahí tumbada tostándome.

Me sorprendo sintiendo algo raro. Tener ese tío mirándome es asqueroso, sí, pero tiene su aquel. Que se joda. Que mire bien un cuerpo que ni parecido se lo va a poder beneficiar él... ¿pero qué pienso? Mejor me doy un baño. Parece que demasiado sol está afectando a mi cabeza.

Mi cuerpo recibe con agrado el frescor del agua. Y creo que mi cabeza parece que también, porque decido que voy a cambiarme de sitio como siga el guarro mirándome. Buscaré uno más alejado de su ventana, que donde estoy, me tiene a huevo.

Doy unos cuantos largos y descanso. Bueno, parece que ya no está detrás de la ventana... joder... ¡Pero si ha bajado el muy guarro! Le veo llegar con su toalla y una nevera portátil. Ya no le vale con mirarme desde la ventana, ahora se baja. Por favor, vaya barrigón. Si es que ni se le ve la cintura del bañador al tío. Este tiene un infarto antes de que acabe el año. Claro que tampoco se le ve el tripón con tanto pelo...

Me pongo a dar un par de largos más. Otro descanso. Qué cabrón, el tío ha puesto su toalla junto a la mía y me está mirando mientras se toma una cerveza... ¿qué voy a hacer?

Intento aclarar mi cabeza mientras doy un par de largos más... "¿Qué voy a hacer?" me repito una y otra vez. No me apetece salir para tumbarme en bikini junto al guarro ése. Justo el bikini más pequeño que tengo. Busco alternativas. Puedo esperar a que se vaya para salir... Sí, claro, 6 horas seguidas dentro del agua hasta que cierren. Va a ser que no. También podría salir y mover de sitio la toalla. Sería más normal, pero es que... ¡Jo!, eso es ser muy grosera. Yo no puedo. No tengo tan poca vergüenza para hacer algo así, lo merezca o no. Pero es que es eso o salir y tumbarme a su lado. Creo que prefiero esperar las seis horas antes de ser tan maleducada... ¡A tomar viento! Paso de líos. Será sólo un segundo. Salgo y me tumbo. Si me encuentro incómoda, me seco al sol y para arriba.

No retraso más la tortura. Salgo y me doy la ducha. Me doy cuenta de que el bikini elegido no ayuda a mantener mis pezones desapercibidos al salir del agua. Y bien que se da cuenta seguro el guarro. No tiene ningún reparo en mirarme mientras me ducho. Luego según voy hacia mi sitio, me doy cuenta de que es peor aún. No me mira a mí en general, ¡mira directamente mis tetas! Y encima yo voy acercándome y las va viendo más de cerca.

Como digo, odio mostrarme maleducada. Me cuesta. Para colmo, no soy muy de conflictos, así que, mientras me miras las tetas, encima, te digo

- Buenas tardes.

- Buenas tardes vecina- Dice sin variar su objetivo visual mientras se ríe ¿Hace calor verdad?

- Mucho.

Me tumbo al sol boca arriba. Y trato de no dar conversación.

Tumbada con los ojos cerrados, no puedo evitar preguntarme. ¿Me estará mirando las tetas?, pero prefiero no abrir los ojos y comprobarlo, porque, si es así, la situación será muy incómoda.

-¿Y tu marido? ¿No le gusta bajar a la piscina contigo?

- Mi marido está de viaje.

Contesto sin abrir los ojos. Esperando que se canse.

- Ah está de viaje... ¿Quieres una cerveza vecina? Aunque si eres tan borde como tu marido me dirás que no. - Me ofrece riéndose a carcajada limpia mientras se abre otra.

- Mi marido no es borde, ¿cómo se atreve? Y no, desde luego no quiero una cerveza. Ya sabe, alcohol y sol no se llevan bien.

Aún sigo con los ojos cerrados, pero ya no me queda más remedio que abrirlos. Y al hacerlo veo que me está mirando... efectivamente. Me mira fijamente las berzas.

- Tú te lo pierdes está muy fresquita. Y tu marido ¿estará mucho de viaje, vecina?

Instintivamente coloco mi bikini. Craso error, porque dejo claro que me he dado cuenta de dónde miraba. Trato de corregir la situación dando un giro y no respondiendo a su pregunta.

- Vamos a ver, estamos puerta con puerta y ni nos saludamos cuando nos encontramos en el ascensor. ¿A qué viene ahora lo de la cervecita?

- Jajajaja. Tienes razón, pero es que no aguanto a tu marido, es un gilipollas. Tú sin embargo, con lo buena que estás, no me puedo enfadar contigo, jajaja. Si mira cómo me tienes.

Y se señala el bañador.

-Pero ¿está usted loco? ¿Cómo se le ocurre hablarme así? Además, ¿cómo que mi marido es un gilipollas? El gilipollas aquí es usted, además de un guarro que me está mirando las tetas.

Él vuelve a reír y señalar

- Mira, mira, no te miento

- No voy a mirar nada, vecino

- SÍ. Tienes razón en algo. Soy un guarro que te mira las tetas, pero no me bajo de la burra. Tu marido es un gilipollas.

- No le aguanto. Me voy de aquí.

Y comienzo a recoger mis cosas. Me doy cuenta de que ha ganado la batalla. Me va a impedir venir a la piscina, así que tengo que pensar un poco más, pero no puedo permitir que siga aquí diciéndome burradas. Además, ni siquiera en esa situación me siento cómoda con la grosería que le he dicho.

- No es para tanto mujer, jajajaja, te podría haber dicho cosas peores.

En ese momento llegan dos chicas de 18 años, morenas, con bikinis parecidos al mío, pero rellenándolos más que yo. El viejo se queda mirándolas con la misma cara de salido que cuando me miraba a mí.

- Bueno vecina, ya que tú te vas, yo me quedaré aquí otro rato.- dice echando otro trago a la cerveza. -Y ya sabes. Si necesitas cualquier cosa... ¡sabes donde vivo! jajajajaja

No digo nada más, pero le veo mirar a las recién llegadas.

Qué asco, pienso, joder y pensar que me miraba así a mí, ¡puaj!!

Me voy de allí. Una vez en casa, me asomo a la ventana disimuladamente. Ahí sigue, bebiendo y mirando a las jovencitas, ¡vaya viejo verde! No me puedo creer lo guarrillas que son esas niñas, ahí pavoneándose ante un viejo verde...

Poco a poco se me va pasando el enfado y lo que va quedando es una sensación rara. Empiezo a pensar en ese tío mirándome... Ni en sus mejores sueños podría tener a alguien como yo y saber que me ha estado mirando sin parar levanta un inesperado cosquilleo en mi interior. Cierto que este tío seguramente se excitaría hasta con un orco, pero no puedo evitar que, el saberme deseado por ese tío aumente mi ego.

Casi involuntariamente, vuelvo a mirar por la ventana mientras pienso en sus palabras.

"SÍ. Tienes razón en algo. Soy un guarro que te mira las tetas."

Madre mía. Vaya pintas tiene. Las pipiolas están riendo y él se toca el paquete ¡Será guarro! Aunque no puedo evitar fijarme. Parece que no está mal equipado ahí...¡Uy! Creo que me ha pillado mirándole.

Me alejo de la ventana y voy al baño a quitarme el bikini. Mis pezones totalmente empitonados. Perfecto, Silvia, ahora te pone que tu vecino te haya mirado así. Porque no te engañes, el agua fría no es la única culpable de eso. Esto hay que pensarlo con calma.

Como algo y me voy convenciendo para volver a la piscina. No es para que me veas, me digo, sino para demostrarle que él no va a decidir cuándo puedo ir yo a la piscina. Que acabe de mirar por la ventana para ver si sigue ahí es simplemente curiosidad por ver si sigue haciendo el guarro con las vecinas. Y que me ponga otro minibikini es para que el sol no me deje marcas...

Bajo con la intención de ponerme en el lado más opuesto que pueda a él, pero el sol juega contra mí. Ahora ya no pega el sol en toda la piscina. Más de la mitad está a la sombra. Y qué suerte tiene el tío. Ha atinado justo en el centro de la zona de sol. Si me quiero poner morena, no puedo distanciarme mucho de él.

De pie, a punto de entrar en la piscina, me quedo mirando las posibilidades. Creo que él adivina lo que pienso, porque saca una sonrisa desagradable.

Y después me mira descaradamente de arriba a abajo sonriendo.

Yo recuerdo lo de mis pezones duros de antes. Ahora la sensación es mucho más evidente. Tengo que aceptarlo. No lo entiendo, pero, pese a lo desagradable de la situación, me pone que me esté mirando. El hecho de que haya llamado gilipollas a mi marido y ahora me mire así, me pone, qué se le va a hacer.

Esa sensación es mucho más intensa de lo que imagino, porque, en ese momento aparece una idea en mi cabecita: ¡vaya morbazo si me vuelvo a poner a su lado! Obviamente no puedo hacerlo. Esta mañana me ha dicho directamente que me miraba las tetas. Si voy a su lado, estaría reconociendo que no me importa que lo haga, de modo que no puedo hacerlo.

Claro que, joder, Silvia, ¿te imaginas? ¿Te imaginas poniéndote ahí después de que te ha dicho que te está mirando las tetas? ¿Ponerte ahí a su lado, como diciéndole, míramelas, guarro, que me mola...? ¿Te imaginas?

Joder Silvia, deja de pensar en esas cosas mejor piensa en...

... ¿En qué? No puedo. Mi cabeza ha cortocircuitado. Va por otro lado. Me acaba de lanzar unos "¿te imaginas?" y, sin darme descanso, vuelve a la carga.



¿Te imaginas cómo se sentirá el cabrón pensando en tu marido, Silvia? Le parece un gilipollas y, después de decírselo a la cara a su mujer y de decirle también que le está mirando las tetas... coge su mujercita y se vuelve a poner a su lado para que se las siga mirando ¡Uf!



Que no, que no pienses en eso, coño. Piensa en su barriga y en la cerveza cayendo de su boca como un guarro. Piensa en cómo mira a las jovencitas pavonearse el muy viejo verde.

Empiezo a encontrarme demasiado caliente. Atravieso la puerta de la piscina y dejo la toalla exactamente donde la puse antes cuando salí espantada. Exactamente en el sitio en el que este guarro me dijo que me estaba mirando las tetas y que mi marido es un gilipollas. Vamos sólo me falta aceptarle la cerveza ahora. Pero mi cabeza pierde batalla tras batalla. La imaginación vuelve a vencer a la lógica y me dice que ni de lejos lo peor que puedo hacer es aceptarle la cerveza sino...



- Quería pedirle perdón por lo de esta mañana. Fue una falta de educación completa levantarme y marcharme así. Espero que no se haya ofendido.

Sino perdirle perdón por marcharme después de que me dijera que se estaba empalmando mirándome las tetas.

Él comienza a reírse a carcajada limpia.

- No te preocupes vecina, no te lo tomo en cuenta. Te suponía mejor educada, pero no me ofendo.

Y me mira de arriba a abajo sin ningún pudor. Obvio, si he vuelto y encima pidiendo perdón, está claro qué va a hacer él.

- Veo que has decidido volver. Yo ya te he dicho que tu marido es gilipollas, pero tú estás demasiado buena, así que, entiendo aceptas que hablemos como si fuéramos dos amigos, ¿no? jajajaja

Le gusta tensar la cuerda, pienso. O no. En realidad lo que hace es dejar las cosas claras. Desde luego va de frente.

- Me parece bien, vecino.

- Pues lo que diría ahora a un amigo es, ¿qué te parecen las niñas éstas?, ¿están buenas eh? Jajajaja.

El comentario me parece totalmente fuera de lugar, pero he venido en son de paz, así que muevo la cabeza negando como diciendo, "anda que...". Él se acerca a mi oído, lo que provoca que me impacte un olor corporal intenso y el aliento a cerveza.



- ¿Sabes que haría con ellas? Me las follaría jajajajaja. Pero, ¿sabes lo mejor de todo? Que a ti también te follaría ahora mismo.

Y comienza a reír a carcajada limpia, haciéndola morir con un eructo.

- Anda déjese de tonterías y deme una de esas cervezas antes de que lo maten de gases.



Por el rabillo del ojo veo como las niñatas cuchichean. Seguro que están jodidas porque el viejo ya no las mira ¡Las muy guarras! Me sorprende notar una pequeña satisfacción por ser yo la acaparadora de la atención del viejo y no esas zorrillas.

Coge una cerveza y me la da. Por supuesto, lo hace mirándome fijamente las tetas, pero me la da. Y sin dejar de mirarlas me dice:

- Te las comería ahora mismo, pero bueno ya sé que estas casada y completamente enamorada del gilipollas de tu marido, jajaja.



Joé qué fijación tiene con las tetas, se ve que está necesitado el buen hombre, pobrecillo. Dejo que las mire sin decir nada, pero trato de desviar la conversación de mis tetas.

- ¿Qué le pasa con mi marido? ¿Por qué le tiene esa ojeriza? Estamos puerta con puerta, me gustaría que nos lleváramos mejor.

Inmediatamente cambiar su mirada lasciva y burlona por una más seria, casi despectiva.

- Tu marido es un gilipollas estirado que se cree mejor que el resto de mortales que vivimos por acá. Y para colmo es de esos tontitos hombres modernos que le gusta ayudar en las tareas de casa y esas cosas. Además, muy estirado y eso, pero luego en el cara a cara se arruga, el tonto del culo. ¡Fíjate! ¡Un viejo como yo le planta cara y muy cobarde se achanta! ¡Será mariconazo!

Y vuelve a cambiar su expresión para lanzar otra mirada escaneadora a mi cuerpo. Yo me he quedado sin nada que decir. No sé qué responder a eso. Por su parte, se tumba y la erección se hace evidente. "Pobre hombre", pienso, "es charlar con una mujer y ya se pone así". Doy otro trago a la cerveza. Ya me voy acostumbrando a notar sus miradas en mis tetas, y, pese a que dejan de llamarme la atención, mi cuerpo, o mejor dicho, mi sexo, las registra claramente. Al poco de estar tumbado, comienza a renegar del calor.



- Bueno vecina, me voy a subir al piso, ya he tenido demasiada ración de calor por hoy, ya sabes dónde estoy si necesitas algo.



Pongo cara de sorpresa. Es extraño. Esta mañana cabreada porque venías y ahora me da rabia que se vaya.



- Vaya, ¿justo ahora que empezamos a llevarnos bien, se marcha? Si es por el sol, ahí tiene la sombra además, ni siquiera se ha bañado.



Joder, le estoy pidiendo a este guarro que se quede conmigo, esto es increíble.



- Es que vecina, creo que lo voy a pasar mejor en mi piso. - Adereza su comentario, como casi siempre, con una carcajada. Y sentencia. - ¿Quieres venirte?

De primeras, supongo que lo que me está diciendo es que se va a ir a su piso para, como esta mañana, mirar por la ventana. Pero me estaba mirando a mí, por lo que ahora mismo ya tiene lo que quiere. Entonces, ¿que significa que lo va a pasar mejor en su piso? ¿A qué sube? Entiendo que quizá en su casa puedas hacer algo que aquí no... Se me ilumina la mente ¡se va a masturbar! ¡Y lo va hacer mirándome! No. Creo que estoy sacando las cosas de quicio. Además, si va a su piso a pajearse, ¿a qué me invita?

Mi imaginación vuela. Me veo en su casa en bikini y él mirándome mientras se la menea. Creo que es esa imagen la que, aunque declinando su invitación, me hace enviarle un guiño.

- Bueno, pues nada, me encantaría que lo pasara muy bien en su piso. Yo me quedaré un rato aquí tomando el sol.

Veo cómo se acerca a las pipiolas y les dice algo, seguramente una burrada. Ellas sonríen y se despiden. Se aleja y entra en el portal. Yo me quedo tomando el sol. Y de nuevo, yo sola, soy la peor de mis enemigas. Mi imaginación entra a raudales y logra excitarme. Antes logró que me pusiera a su lado para que mirara las tetas y pedirle perdón. Ahora me da por imaginar que está en la ventana, mirándome mientras tomo el sol, aliviándose la excitación contenida. Imagino ser la musa que utiliza para masturbarse y sufro una excitación brutal. Imagino que mi marido tiene a su enemigo enfrente de casa pajeándose mientras mira a su mujer. ¡Buf!

No puedo evitarlo. Aprovechando mis gafas de sol, fuerzo mis ojos a mirar a su ventana y veo que estás ahí, mirándome. No, no son imaginaciones mías el movimiento característico que detecto en ti. No sólo lo estoy imaginando. Está ocurriendo. ¡¡Ese guarro se está pajeando mientras me mira en bikini!! Bueno, pobrecillo, no hace ningún mal a nadie. Desde que se fue su mujer, estará necesitado y, qué coño, pues es normal que yo le ponga. Vuelvo a preguntarme para qué me ha invitado a ir e inmediatamente mi imaginación me devuelve la imagen de antes. Yo en su casa en bikini dejando que se pajee mirándome.

Una de las chiquillas se levanta y se da una ducha. Veo que el guarro ya no me mira, la mira a ella. Y sigue tocándose. Vaya, la zorrilla se lleva ahora su atención. Eso no está bien. Entonces...

... entonces me incorporo y, sacando pecho, me ato el bikini. Al hacerlo queda un poco al descubierto la parte de mi pecho que está más cercana al hombro....y a su ventana. Lo dejo así unos segundos y después juego con el triángulo para colocarlo. Primero tapo esa parte, pero dejo que la parte inferior de mi seno asome por debajo de la tela y ahí la dejo mientras coloco el otro triángulo. Un minuto después termino de colocar todo. Cuando termino, vuelvo a tumbarme y a mirar a tu ventana.... y ya no estás ahí... así que, o bien has ido a beber algo... o bien te la has acabado. Sonrío sabiendo de sobra cuál es la alternativa más probable. Y sonrío también porque la zorrilla ha perdido su batalla conmigo.

Me tumbo y cierro los ojos. Estoy casi segura de que se ha corrido pensando en mí. Me parece curioso. Hasta ahora siempre me ha parecido algo asqueroso los tíos mirones y por eso visto de forma bastante discreta. Sin embargo, ahora un tío se ha pajeado mirando mi cuerpo y ¡no ha pasado nada! Creo que soy un poco exagerada con ese tema. Si se me ve esto demasiado, si se me ve lo otro... Coño, pues si se ve, tampoco parece que se hunda el mundo. Ahora se me ha visto. Hasta un viejo verde se ha pajeado con ello y no ha llegado el Armagedón.

Sigo dándole vueltas a mis sensaciones. El hecho de que este guarro me mirara así ha ofendido mi parte educada, pero ha encendido cosas. Me parecía harto improbable que este tío pudiera excitarme y, sin embargo, lo ha logrado. Esto me rompe un poco los esquemas. El juego es obvio. Él se lo pasa bien mirándome las tetas y pajeándose, ¡pero es que yo disfruto y me excito mientras lo hace! Los dos ganamos. Y, sinceramente, no me parece un juego peligroso. El tío parece ser un gilipollas y un pelín violento, sólo cuando está mi marido. Conmigo se ha comportado encantador... a su manera.



Acabo la cerveza y la tiro a la basura... creo que otra vez estoy pensando cosas raras... mejor me doy un baño. Me meto en el agua fría y nado un poco sin pensar en nada. Pero en cuanto salgo y me pongo al sol, mi vecino vuelve a inundar mis pensamientos. Me doy cuenta de que me apetece continuar el juego. En realidad, lo estoy deseando. Casi lo necesito.



Subo al piso. De nuevo mis pezones mi dicen que estoy excitada. Miro la ropa que uso para estar en casa en verano. Nada de sujetador, lógicamente. Una camiseta ceñida de tirantes finos y el pantalón cortísimo que deja casi media nalga fuera, de modo que debo usar tanga para que no se vea la ropa interior... Finalmente me lo pongo y preparo un gazpacho y un flan. No es sólo mi cena. Es también la excusa para seguir jugando.

Meto en un tupper parte del gazpacho y en otro parte del flan. Cojo las llaves y, con mi camiseta de tirantes ceñida marcapezones y mis microshorts, llamo a su puerta.

Al otro lado aparece el viejo desnudo salvo por un pantalón corto y unas chanclas. No quiero fijarme, pero creo que el pantalón tiene una mancha significativa en el centro...De nuevo me mira de arriba a abajo y sonríe. Yo disfruto su mirada. A eso he venido.

- Dime vecina.

- He hecho gazpacho y flan... y creo que es demasiado para mí... además, me parecía justo cambio por la cerveza de antes.



Disfruto con el juego, con sus ojos hambrientos. Mis pezones se tensan al recibir sus miradas.

- Claro que sí, vecina- Dice riéndose. - Anda pasa y lo dejamos en la cocina.

¡Uf!... una cosa es mirar y dejarse mirar y otra es entrar en esa casa. Sobre todo después de haberme invitado antes... y la manchita del pantalón confirma lo que ha estado haciendo.

- No, no. Deja, no hace falta. - Digo tendiéndole la comida.

Sin hacer caso mis indicaciones, entra en casa y deja la puerta abierta para que entre. Me encuentro en el rellano con los tuppers en una situación ridícula. Finalmente paso y dejo abierto, pero cierra inmediatamente y me dice:

- La cocina está por ahí.

Paso y él viene detrás. La cocina está bastante sucia y desordenada y todo apunta a que el resto de la casa debe estar igual. Pongo la comida en la nevera y le digo.



- Hay una cosa que quería pedirle. Soy un poco paranoica, sobre todo cuando estoy sola. Y en julio, con los robos que hay...

Él se queda mirándome sin entender. De modo que continúo.

- Vaya, que estoy un poco acojonadita. Si pudiera estar un poco atento a los ruidos esta noche....

- Un poco atento a los ruidos. - Dice riendo. -Ojalá el oído me lo permitiera. - Guarda silencio un rato y continúa. - Pero si te da mucho miedo, puedes pasar aquí la noche. Por mi parte no tengo problemas. Aunque supongo que está demasiado sucia para una princesita como tú. - de nuevo fija su mirada en mis tetas.- Desde que se fue Pepi... ¡se nota que no hay una mujer en esta casa!

Yo me quedo muda. Este tío no pierde el tiempo, me está invitando a pasar la noche ahí. Aunque lo cierto es que se lo he puesto en bandeja.

- No me parece buena idea, pasar la noche en casa de otro hombre, vecino.

- Entiendo. Pues entonces mide tú qué te da más miedo: pasar la noche sola allá o aquí con un anciano...

- Sí, claro un anciano que no para de mirarme las tetas.

- ¿Qué daño hace? Tienes unas tetillas mordibles y yo me deleito mirándolas, no pasa nada. En la piscina viniste a mi sitio a que te las mirara....

- No es verdad, - protesto

- Claro, claro... Yo te digo que me empalmo por haberte visto las tetas y tú, después de irte, vuelves disculpándote conmigo. Y ahora fíjate. - Dices señalando mi camiseta- Vienes a verme así.

Miro donde señala y, efectivamente, mis pezones forman un relieve espectacular. Pero no puedo reconocer delante de él que es cierto lo que dice.

- Hombre he venido con la ropa de casa.

Joder, el vecino parece garrulo, pero el cabrón tiene una lógica aplastante. El razonamiento es claro: si quieres que te proteja, olvídate de que oiga los ruidos, sólo hay una opción, vente aquí a dormir. Esa o quedarte en tu casa pasando miedo. Por supuesto que si te vienes ya sabes que te voy a mirar las tetas, pero, dado que está claro que no te importa, no pasa nada. Y no sólo el razonamiento, sino su honestidad. Me invita a venir y me deja claro qué pasará si lo hago.

Me quedo sin argumentos. Doy vueltas a lo que dice. No veo grietas, no encuentro cómo contradecirle... pero es que... ¡¡¡estamos hablando de dormir en la casa de mi vecino!!!! Quiero decir... ¿es sólo remotamente posible que esté planteándome pasar la noche ahí? Pues parece que no sólo eso, sino que además a mis empitonados pezones les parece una idea fantástica. Después de todo también me parecía una locura siquiera entrar en la casa y heme aquí y no ha sucedido nada...

Me doy cuenta de que a estas alturas, todavía, no te he dicho claramente que no voy a pasar la noche ahí... Me sigo sorprendiendo de mí misma, porque si no le he dicho que no es porque aún pienso que tal vez...

Unos ruidos raros me sacan de mis reflexiones. Ni siquiera me he dado cuenta de que el vecino estaba dando una vuelta alrededor de mí mirándome bien. Se me debe notar en la cara la extrañeza, porque me dice:

- Vecina me has pillado ocupado viendo una peli, jajaja. Espero no te sientas mal porque vea ese tipo de cine...si quieres puedes quedarte a ver el final conmigo ¡jajaja! está muy muy interesante...



- No gracias, - respondo entendiendo-, el porno no es mi fuerte. Y por supuesto no me siento mal porque vea ese tipo de cine. Cada uno que vea lo que quiera. Pero vamos, no me apetece quedarme a ver el final. Creo que será bastante previsible, seguram...

Me interrumpe un sonido de móvil. El vecino coge el suyo y sonríe.

- Anda mira, nuestras vecinas de la pisci, Cris y Lidia. Mira qué guarrillas son.

Con el móvil en la mano, se pone detrás de mí y me enseña la pantalla. Aparecen ellas dos con un minitop y un microshort, posando de espaldas, pero girando el tronco, de tal manera que pueda verse tanto parte de la nalga desnuda, como el ombligo.

- Han debido de salir y deben de haber bebido, yo creo que están cachondillas, jajaja

Me sorprende que esas dos chiquillas le envíen ese tipo de fotos a este abuelo, pero mi sorpresa da paso a la precaución. En la posición que estamos, el hombre está punteando mi culo con su verga.

- Vecino no me interesa como van vestidas esas chiquillas, pero vamos, van como las chicas de ahora. Bueno, ya tiene esto... espero que le aproveche. Será mejor que me vaya... y de verdad, por favor, si oye algún ruido raro por favor...

Él intuye mi escapada y me agarra por la cintura, pegándome más a él y me dice al oído.

- ¿De verdad te quieres ir, Silvia? ,¿estás segura? Fíjate como me estás poniendo, ¿te das cuenta?

- Desde luego que quiero irme, vecino, por favor, suélteme. Pase que le permita que se vaya de vistillas, pero por favor, suélteme...

Según le digo que me suelte comienzo a preocuparme por la situación. De pronto deja de ser el pobre abuelillo abandonado por su mujer y se convierte en una amenaza. Hasta construyo una película por si todo toma mal cariz que justifique mi presencia en esa casa. Aprovechando que no estaba mi marido, fuente del conflicto, traté de resolver las rencillas que teníamos con nuestro vecino y le di algo de lo que había cocinado. Él me hizo pasar para dejarlo en la cocina y ahí trató de propasarse... todo cuadraba y explicaba la situación sin que yo quedara comprometida en absoluto.

Mientras estoy hilando esto noto su saliva en mi cuello, ¡joder me está lamiendo!, y sus manos suben.

- ¡Uf! Silvia qué buena estás, me encantan tus tetas...quiero follarte como a una zorra.

Intenta agarrar mis tetas, pero afortunadamente yo las cojo a tiempo y lo evito.

- Vecino, está yendo usted demasiado lejos.

Finalmente logro desasirme y quedo frente a él.

- Entiendo que lo ha pasado mal y que estar sin su mujer le afecta. Entiendo que pueda estar necesitado de ... -en ese momento suenan gemidos en la película y yo señalo con mi cabeza en dirección al ruido- de eso. Lo entiendo, pero tiene que controlarse un poco, por favor.

Lo veo con la cara de lujuria mirándome de arriba a abajo.

-Joder Silvia, es que me matas... Y al venir así a mi casa... entiéndelo

Lo dices y te alejas de mí. Al hacerlo, la amenaza se disuelve. De modo que, ni en sueños pensabas forzarme, sólo es un malentendido. Eso me relaja. Y sonrío.

- Por un momento, me dio usted un buen susto.

- Jajaja, no seas boba, chiquilla. Vienes medio en pelotas a casa y bueno, pues... se intenta, pero de ahí a... ¡no, vecina! Un hombre no hace esas cosas. Anda, deja que te quite el susto y quédate aquí a cenar. Entre el gazpacho y el flan que has traído y las pizzas y cervezas que me quedan creo que juntaremos una cena.

Pongo cara de extrañeza.

- No sé, vecino, creo que no es buena idea que...

- No jodas, Silvia. Comer y cenar solo es una mierda. Te lo digo yo que llevo dos años haciéndolo. Y estando puerta con puerta es una gilipollez que cenes sola. Confía en mí. La mesa está hecha para compartirla, ¿no crees?

De nuevo esa lógica aplastante. ¿Cómo decir que no a eso? ¿Cómo condenarle a la soledad a este hombrecillo? Cierto que está salido, pero, hombre, como todos los tíos. Y ha quedado claro que amenaza ninguna. En cuanto le he parado los pies, ha reculado sin pensarlo.

Así que le sonrío.

- De acuerdo, me quedo a cenar aquí. Con mucho gusto. Pero entonces déjeme que vaya a casa a cambiarme para cenar.

- Jajajaja. No seas boba, vecina. Si te quedas a cenar aquí, con lo cagada de miedo que me has dicho que estás, también te vas a quedar aquí a dormir. Así que vente con lo que duermas.

Me quedo mirándole sorprendida.

- ¿Me lo está diciendo en serio? Claro y si vengo en pelotas mejor ¿no?

- Jajaja, veo que lo entiendes.

- En realidad, el pijama que uso en verano es como lo que llevo puesto. Una camiseta de tirantes y un short muy pequeño.

Me doy cuenta que, al igual que él, ya estoy dando por hecho que me voy a quedar a dormir ahí.

- ¿Más pequeño que éste? Si se te ve el culo, jajaja.

Miro mi short y respondo.

- Pues no, más o menos cómo éste.

Me mira de arriba a abajo otra vez. Casi babea. Y se aventura a decir.

- De todas formas... ¿tienes algún top como el de Cris y Lidia? como el de la foto que me han enviado.

Me pilla de sorpresa. Me está insinuando que me vista para él. Efectivamente tengo un top de verano. Pero es bastante incómodo. En vez de la camiseta ceñida que llevo, el escote de ese top tiene la manía de despegarse de mi cuerpo. La idea de vestirme para él cala... o mejor dicho son mis bragas las que están a punto de calar.

- Sí, tengo un top parecido, pero no pega mucho con la ropa de casa.

Tú te quedas callado sonriendo. Y justo cuando vas a añadir algo más, me adelanto y te digo.

- Sí, vecino, también tengo unos putishorts como los de Cris y Lidia.

Tú sonríes más aún.

- Bueno vecino, ahora vengo.

- No olvides el ... -y añade imitando mi voz, -"el putipijama."

Cojo mis llaves y salgo por la puerta. Al llegar a mi casa trato de entender todo. Finalmente voy a quedarme a cenar en casa de mi vecino... ¿y a dormir? Me ha mirado las tetas, ha intentado tocármelas y ha dicho que quiere follarme... ¿y voy a dormir en su casa? Claro que... por otro lado... lo cierto es que no parece mal tipo. En cuanto le has parado los pies, ha reculado. Tú controlas la situación.

Me dirijo a la habitación con un pensamiento demoledor: me dispongo a vestirme para él. Para que me siga mirando las tetas, las piernas y el culo... es demasiado.

Voy al armario. Me va a costar encontrar el top rojo. No me lo pongo nunca. Se ven los tirantes del sujetador, así que tengo que llevarlo sin él... Y entonces veo que se abre demasiado, así que tengo que llevarlo con él. Decido ponerme un sujetador negro, después busco entre los shorts el vaquero más cortito que tengo y me lo planto. A ver si encuentro las sandalias blancas de tacón de las bodas... sí, en una caja del armario. Me miro en el espejo. El viejo va a dar el visto bueno sin duda. Voy al baño y me maquillo levemente y me perfumo. Me aplico crema hidratante en las desnudísimas piernas.

Y ahora otra gran duda. Si cojo un pijama, ya voy a dar por hecho que me quedo a dormir ahí y, si después de la cena me voy, parecerá de****tés. Por otro lado, ya me ha dicho que lleve pijama, bueno, putipijama, y si no lo llevo será de****tés también. De modo que una de****tesía es segura (no llevar pijama) y la otra sólo es posible (en el caso de que no me quede). La parte de mí que odia los conflictos (o tal vez la parte que está deseando quedarse a dormir allí) decide llevarlo y, si las cosas salen raras, inventarme cualquier excusa.

Así, recién peinada, maquillada y vestida como una auténtica buscona, salgo de mi casa y llamo a los nudillos a la puerta de enfrente. Me llevo una sorpresa cuando, en vez de iluminarse su cara, encuentro una expresión de decepción en ella.

Me hace pasar y le pregunto enseguida

- ¿Qué pasa vecino? Me pongo guapa para usted y no parece que le guste.

- No me jodas Silvia. - Me enseña las fotos de cris y lidia otra vez- ¿Qué crees que pasa?

Miro las fotos y, como intuía, las niñas no llevan sujetador.

- Es usted un caso, vecino. - le digo y señalando el pijama añado. - Dígame dónde puedo dejar esto y... ¡sí, sí! No se preocupe. Me quitaré el sujetador, viejo verde.

Él, lejos de ofenderse, se ríe con mi insulto.

- El pijama, ¿no? O sea que finalmente has entrado en razón y te quedarás a dormir aquí. Puedes dejar eso donde quieras. En mi casa se puede dejar todo en cualquier lugar como verás, jajaja. Anda pasa y te enseño el sofá dónde vas a dormir.

Hasta ahora sólo había entrado en la cocina, pero al pasar completamente, se me cae el alma a los pies. Efectivamente hay de todo por todos lados. La mesa del salón tiene cajas de pizza y cervezas vacías. El sofá en el que voy a dormir está oculto por pantalones, camisetas y calzoncillos sucios. Sólo pensar en poner la cabeza ahí me asquea.

- Está un poco desordenado, pero si tienes frío te puedes tapar con mis gayumbos, jajaja.

Lo cierto es que, pese al asco, me río con la ocurrencia y, al hacerlo, él ríe más fuerte aún. Y me temo que se envalentona porque coge mi pijama y, con toda intención, lo pone sobre unos calzoncillos sucios del sofá. Unos en los que aún se ve la humedad en el centro... De modo que el pijama que voy a usar esta noche está manchado con su semen. El cosquilleo enorme que siento en el vientre me dice que el asco y el morbo comienzan a darse la mano bastante peligrosamente.

-Ya te ayudo yo con esto.

Y sin mediar palabra, te pones de espaldas a mí y levantas ligeramente el top. Nada que ver con la brusca intentona de antes. Ahora vas con más cuidado. Y no puedo evitar disfrutar sintiendo cómo descubres la prenda y, torpemente, sueltas el cierre del sujetador y abres las tiras hacia fuera.

- Desde aquí ya me encargo yo, vecino.

Y aún de espaldas a él, me saco los tirantes y, finalmente el sujetador. Me quedo mirando dónde dejarlo y él, adivinando mi inquietud, me lo coge imitando mi voz.

- Desde aquí, ya me encargo yo, vecina.

Y se lo lleva a la nariz oliéndolo intensamente. Después abre un cajón del mueble y lo guarda. No parece tener mucha intención de devolvérmelo.

- Ven, que te enseño la casa - dice cogiéndome por la cintura.



Como llevo el top, al cogerme por ahí toca directamente mi piel. Aunque sólo un segundo porque me hace pasar delante de él, pero ya ha logrado romper una barrera. Y creo que los dos lo sabemos.



El tour por la casa es deprimente. La habitación principal dispone de un orden parecido al sofá. Ropa, zapatos, zapatillas, chanclas, por el suelo. Además, al estar todo cerrado por el calor, el olor es complicado. También me llama la atención la maraña de pelos unida con un extraño "pegamento" que parece haber en la rejilla de la ducha. En general, el desorden y suciedad impera a sus anchas por aquella casa.

- Ya te dije que se nota que falta una mujer.

Suelta ese comentario machista como si nada el muy cabrón. Cuando termina el tour me dice.

- Bueno, yo ya te he enseñado la casa. Ahora enséñame bien tú qué has traído.

- ¿Cómo? ¿A qué...?

Me señala a mí misma con la cabeza y se aleja un paso de mí.

- Date la vuelta vecina.



Me quedo frente a él indecisa. Y trato de pensar.

- Vamos, Silvia. Te has vestido para mí. Estás marcando pezones y enseñando culo para mí. Lo normal es que lo pueda ver a gusto, ¿no crees?

De nuevo me siento en inferioridad. Cuando razonas, me deja hundida. Sin capacidad de réplica. Y de nuevo llevas razón. Me doy la vuelta, quedando de espaldas a él. El reflejo del cristal de la puerta me enseña cómo me mira el culo y se toca la polla al hacerlo. Se la masajea un rato. Yo sigo quieta de espaldas a él, esperando su ¿permiso? para darme la vuelta. Veo en el cristal como sigue tocándose mientras me mira el culo.

- Y ahora me vas a explicar, vecina, cómo un culazo como el tuyo acabó con un gilipollas como tu marido. - Dice mientras suelta su rabo.

Es entonces cuando me doy la vuelta.

- No digas eso, vecino, no es ningún gilipollas.

- ¿Que no es un gilipollas? Todavía recuerdo cómo me amenazó con denunciarme por poner esa salida de gases un poco diferente a las normas de la comunidad. ¿Será idiota el tío? ¿Qué pasa? ¿Le m*****a cómo coño pongo un puto tubo en mi terraza?

Recordé esa discusión... fue sólo para tocarle los huevos un poco al vecino.

- Le hubiera matado, ¿sabes? Claro que el pichafloja, ya se sabe. Mucho blablabla, pero a la hora de poner los huevos sobre la mesa, el muy cobarde, ni denuncia ni hostias. ¿Cómo coño quieres que me lleve bien con un gilipollas cobarde pichafloja semejante? Muy chulito y eso, pero cuando le dije que si me denunciaba yo le iba a empapelar a él por el cerramiento de la terraza se me hizo caquita. Todavía recuerdo cuando le dije que, si lo prefería, nos dejábamos de abogados y toda esa mierda y lo arreglábamos a hostias como dos hombres. Jajaja, qué cara me puso. Pálido. No tiene ni los cojones de enfrentarse con un viejo como yo. Que si así no son las cosas, que si blablabla. Dos hostias bien dadas le daba yo.

Yo me quedo callada escuchando una diatriba en la que se ponía en entredicho absolutamente todo de mi marido. Lo estaba despedazando ante mis ojos sin que yo pudiera replicar nada. Él continuó.

- Y tú y tu culazo con él ¡Qué desperdicio! En vez de estar con un hombre de verdad, con uno que se vista por los pies, estás con una nenaza pichafloja que se las da de culto y no es más que un estirado impotente. Y no me digas que no. Fíjate, en cuanto ves un hombre de verdad ¡Te derrites! ¡Mírame! Viejo y todo lo que quieras, pero te vistes para mí. Dime, ¿también te vistes así para él?

- No en realidad a él no le gusta que... - me sorprendí dando explicaciones a ese tío.

- Venga vecina, todo hombre sabe que una mujer que se respete tiene que derretirle en cuanto quiera. Para eso habéis nacido, coño, para excitarnos... y si a ese pichafloja - imitando mi voz dice - "en realidad no le gusta que..." es porque es una maricona. Una nenaza, no un hombre. Y por eso, en cuanto un hombre de verdad te dice que te vistas como una puta, pues vas corriendo a hacerlo. Y si un hombre de verdad te dice que te quites el sujetador, pues estás deseando hacerlo.

Yo me quedo en silencio, apabullada por la charla. Es verdad. No le ha costado nada convencerme para vestirme como una buscona. Y ni he rechistado cuando me ha dicho que me quitara el sujetador. De nuevo, mi vecino me está dando un repaso dialéctico tal que no encuentro argumento alguno para contradecirle.



- Venga Silvia, ¿qué pasa, no estabas ahí? Te digo en la pisci que te estoy mirando las tetas y ¿qué haces? Pues lo natural. Primero te haces la ofendida y te vas, pero a la que te descuidas, te das cuenta de que estás ante un hombre y no un gilipollas impotente y vuelves por la tarde pidiendo perdón para que te las siga mirando. Normal. Coño, tenías que haber visto la cara que pusiste cuando te dije que me iba. Si casi te me echas a llorar. Seguro que pensaste que era una lástima que, una vez que te habías decidido a bajar para que te mirara las tetas, yo cogiera y me fuera, jajaja. ¿A que sí?

Me coge tan por sorpresa que hasta se me escapa una sonrisa mientras asiento. El me coge de la barbilla y me dice sonriendo.

- Ya lo sabía. Fíjate que hasta estaba seguro de que aceptarías mi ofrecimiento y subirías, tan necesitada que estás de estar con un hombre de verdad y no el cabrón desaborío de Pablo. Se ve que me pasé un poco cuando dejé entrever que subía a pelármela, jajaja. Así que al final tardaste un poco más. Se ve que necesitabas una excusa para venir aquí enseñando culo y pezones. Pero eres una mujer de verdad e hiciste lo que tenías que hacer.

Sigue con su mano en mi barbilla. Nos miramos fijamente. No tengo nada que decir... llevas razón en todo...

- Haces lo que tienes que hacer, vecina, claro que sí. Como hace un rato. - Ahora me acaricia la barbilla mientras dice con un susurro. - Me ha encantado cómo fingías o que no me veías mientras me acariciaba el rabo mirando tu culo. Pero tú, en tu papel. Ahí quietecita mientras lo hacía.

Ahí acaba su discurso, pero yo se que el razonamiento tiene más recorrido. Sus palabras me dejan claro que yo puedo variar la velocidad un poco, puedo salir corriendo y volver, pero acabaré haciendo lo que este hombre quiera. Y lo que quiere está bastante claro. Recuerdo de nuevo sus palabras. "¡Uf! Silvia qué buena estás, me encantan tus tetas...quiero follarte como a una zorra."



Estoy tratando aún de asimilarlo cuando otro pensamiento más inquietante aún me sacude. No sólo me excita pensar en que este viejo me ha mirado las tetas en bikini con mi total consentimiento. También me excita que este cabrón, al que Pablo detesta, haya mirado las tetas de su mujer, que este cabrón al que Pablo odia, tenga a su mujer en su casa medio en pelotas.

El viejo permanece quieto viéndome divagar, caer en el pozo. Creo que sabe lo que estoy pensando y sólo necesita que, por mí misma, llegue a las conclusiones.

Y las conclusiones van llegando a mi cabeza. Y quiero que sepa que reconozco que sus hipótesis son ciertas.

- Llevas razón, vecino. En todo. Volví a la piscina para que me siguieras mirando las tetas. Y cuando subiste me fastidió. Y también es verdad lo de antes. Te vi mirarme el culo y tocarte mientras lo hacías. Me gustó hacerte sentir así y no quise estropearlo...

Permanece callado, sabiendo que no acabaré aquí. Por lo que sigo pensando. Y sigo hablando mientras su mano aún sujeta mi barbilla.

- Y ahora supongo que... quiero decir, te apetecía que trajera el top, pero, en realidad, lo que quieres es que me lo quite, ¿verdad? Quieres que la mujer de Pablo te enseñe las tetas, ¿no es así?

Me doy cuenta de que yo estoy deseándolo. Desde que me miró así en la piscina, en el fondo, pienso que deseaba que no hubiera tela entre sus ojos y mis pezones (en realidad esto no es así, pero en ese momento me lo parece), no sólo porque me diera pena que el pobre hubiera sido abandonado y tuviera que conformarse con el porno para ver tetas. En realidad deseaba que este hombre las viera. Deseaba complacerle con eso... De hecho, tan caliente estaba que tenía que dar un paso más.

- En realidad, supongo que no sólo quieres que te enseñe las tetas... supongo que quieres que la mujer de Pablo te lo pida, te suplique enseñártelas...Porque, joder... yo... yo estoy deseando enseñártelas... supongo que llevas razón... no estoy acostumbrada a estar frente a un hombre de verdad y ahora que lo estoy... pues me gustaría...

Me paro y te miro fijamente.

- Señor, ¿me permite enseñarle las tetas?

Y respiro hondo mientras te miro fijamente... ya está. Ya lo ha logrado. Le estoy pidiendo quedarme en tetas. Y es bastante obvio que la distancia entre ¿puedo enseñarte las tetas? y dejar que me las toques las tetas es ínfima. Sobre todo teniendo en cuenta que antes no te dejé. Joder seguro que en nada tengo sus manos cubriéndolas... Y claro... la distancia entre ¿puedo enseñarte las tetas? y quítame el short y el tanga...

Y claro, luego la distancia entre eso y "buf, al fin, qué ganas tenía de follarte"...

Le miro fijamente. Pone una sonrisa lasciva, tal vez de alegría por tener a la mujer de Pablo suplicándole enseñarle las tetas, tal vez porque el también sigue el hilo de mis razonamientos y sabe que queda poco para estar entre mis piernas.

- Claro que te lo permito Silvia.

Se retira y aparta mierda del sofá, incluido mi pijama y sus calzoncillos sucios, y se sienta en él. Se enciende un cigarrillo, coge una botella de ginebra y se prepara para deleitarse con lo que voy a hacer.

- Este modelito nunca te lo he visto con el gilipollas de Pablo. - Dice riendo.- Menudo maricón, no sabe cómo hay que tratarte. Bueno vamos a ver, que es lo que tienes ahí debajo vecina.

Me entra un poco de pánico, pero ya no hay vuelta atrás. Respirando nerviosa, me quito el top y me quedo quieta, tratando de disfrutar el momento...de disfrutar por complacerle. Estoy en tetas frente a él.

- No vecino, Pablo dice que este top es de busconas...



Estoy nerviosa, esperando tu reacción. La situación es morbosa. Silencio. Miradas. Y mis tetas.

Al cabo de un rato se levanta y se coloca detrás de mí, con sus manos en mi cintura y punteándome el culo con su verga. Igual que hace un rato.

- Y ahora, ¿si subo las manos me las vas a quitar como antes vecina?

Me muero de la vergüenza... pero estoy demasiado excitada.

- Jo... lleva razón. Otra vez igual que en la piscina... Lo siento vecino. Le pido perdón. Fue una de****tesía total.

- ¿Me estás pidiendo perdón por no dejar que te metiera mano antes?

Cierro los ojos esperando que sus manos se cierren en torno a mi carne, pero no llega ese momento. Yo asiento y él se separa de mí. Sabe que tiene tiempo. Quiere reforzar su posición un poco más. Y de paso, calentarme más a mí. Y yo le ayudo arrastrándome un poco.

- No sé si me ha entendido, le estaba pidiendo perdón por quitarle las manos... quiero decir que ahora no las quitaré

- Jajajaja. Lo entendí, niña, lo entendí. - Dice mirando fijamente mis pechos desnudos. Se vuelve a sentar en el sofá y pone música.

- Baila para mí, Silvia. Quiero ver contonearse esas peras.

- Nunca he bailado sexy... no sé hacerlo. Pablo nunca me lo ha pedido...

Estoy hipnotizada observando cómo me mira...No puedo reaccionar, es demasiado delicioso. No quiero que deje de mirarlas...

- Ya, Silvia, pero está bastante claro que yo no soy el gilipollas de tu marido. Si te digo que bailes como una puta para mí, pues lo haces aunque no sepas. Además, Silvia, seguro que lo harás muy bien...

Efectivamente, no tengo mucha experiencia en esto, pero la orden es clara. Y quiero complacerlo. Trato de contonearme como puedo. Aunque, en realidad, parece que te da igual. Tu mirada sigue clavada en mis tetas. Eso es lo importante.

- Así que ahora, no me quitarías las manos, jajaja, te está poniendo cachonda la situación, ¿eh?- Me preguntas riendo.

- No es sólo que me está poniendo cachonda...es que pienso que llevas razón... Te dejé mirarme las tetas en bikini, hasta volví para que lo hicieras...y ahora te he pedido que me dejaras quitarme el top... No parece muy lógico que después no las toques...

Sigo moviéndome, muerta de vergüenza, pero azuzada por esa mirada clavada en mis pequeños pechos.

Veo cómo se baja el pantalón, y parte de tu abundante vello púbico aparece. No puedo evitar recordar que hace un rato se masturbó mirándome desde la ventana...Yo me muevo. Su sonrisa mientras me mira acaba de deshacerme....

- Según bailas, quiero que te quites el short.

Su orden cae como una maza. Recuerdo mi razonamiento... es lo que toca sí. Veo que él baja un poco su pantalón para estar más cómodo. Se ven algunos vellos púbicos al hacerlo. Veo cómo empieza a sudar copiosamente. Realmente lo estoy excitando. Me doy la vuelta y bajo el short despacio, para que vea mi culo. Me quedo un rato de espaldas y después doy media vuelta.



- ¿Quieres que me desnude completamente? ¿Quieres tener a la mujer de Pablo completamente en pelotas para ti? Porque yo, desde que te pregunté si podía ponerme en tetas, sabía que tendría que despelotarme completamente.



Ríe de nuevo y asiente.

Yo deslizo el tanga despacito. Lo bajo hasta las rodillas y, con un movimiento de mis piernas caen hasta el piso. Su sonrisa es descomunal. Se baja aún más el pantalón. Parece que su miembro está incómodo. Mi sexo desnudo está a un par de metros de él, que lo devora con la mirada. Deja el cigarro y la ginebra y alza las manos dejándolas sobre el nivel de su cabeza y formando una concavidad en cada una. Está claro lo que quiere.

- Ven aquí, acércate, pero sigue bailando.

Yo voy acercándome despacito, viendo cómo mis pechos se aproximan lentamente a sus manos. Finalmente, coloco mis dos tetas en sus manazas y suelto un gemido descomunal. Una vez acopladas, él coge una con fuerza y cierra la otra en un pellizco a mi pezón. Juega con ellas un rato.

- ¿Te gusta cómo te toco zorra?

"¿Zorra?, ¿me ha llamado zorra?". Lo peor es que no hace falta que conteste. Mis gemidos lo hacen por mí. Me cuesta abrir los ojos. Quiero centrarme en cómo esas manos, esas manazas, atacan mis tetitas. Pero tengo que abrirlos, tengo que ver su cara mientras logras su victoria... Consigo abrirlos y lo veo... joder sigue mirando mis tetas, aunque ahora estén tapadas por sus manos, que las agarran, las amasan y las pellizcan. Según lo miro, se levanta del sofá y poniéndose tras de mí me dice al oído:

- ¿Sabes que voy a hacer ahora?

Y entonces oigo su boca abrirse y siento su lengua en mi cuello. Suspiro y gimo. Su boca al abrirse inunda la sala de olor a ginebra, cerveza y tabaco. Y sus manos... joder sus manos. Desde atrás, agarras mis tetas con fuerza. Ahora que no puedo mirarle a los ojos, me fijo en sus manos. ¡Cómo me agarra los pechos!, es delicioso.

Me doy cuenta de que no he parado de bailar mientras él sigue jugando con su lengua en mi cuello y sus manos con mis pechos. Me agacho y tomo la botella de ginebra para darle un trago. Uno muy largo. El alcohol quema mi garganta. Se separa de mí y me mira. La única prenda que llevo son unas sandalias blancas de tacón. Ahora soy yo la que, sin orden de por medio, doy una vuelta despacito para que pueda mirarme bien.



Él sonríe. Con el pantalón totalmente abultado y a medio bajar. Con esa sonrisa que está a medias entre lo garrulo que es, el vicio que esconde y la victoria. Me mira de arriba a abajo. Yo me doy otra vuelta más. Quiero que vuelva a mirar mi culo. Pero esta vez no se toca, como cuando me enseñaba la casa. Lo mira y, aún de espaldas, se acerca. Yo espero sus manos. Primero una va a una teta y la otra al muslo. Acarician con ansia. Después sus dos manos agarran mis muslos mientras siento de nuevo el olor a ginebra, tabaco y cerveza, señal de que ha abierto la boca y de que, seguramente, vuelva a usar su lengua. Efectivamente ahora la siento en mi cara mientras sus manos acarician mis muslos, después suben pasando por mi sexo hasta las tetas y se colocan sobre ellas como si fueran un sujetador humano. Las acaricia, juega con los pezones, las sopesa y, de pronto, las agarra con fuerza. Siento su polla sobre mis nalgas. Dura como una piedra.

- Dios.... ¡qué buena estas! Te voy a follar como nunca te lo ha hecho el gilipolllas de Pablo, jajajajaja,

- Todavía recuerdo lo que me dijo hace un rato, cuando, tonta de mí, le quité las manos de mis tetas.

- ¿Qué te dije, vecina?

Mientras dice esto, me da la vuelta y me pone frente a él. Ahora comienza a acariciar mi culo con las dos manos.

- Me dijo algo parecido a ahora. Que le encantaban mis tetas y que me iba a follar como a una zorra. - Respondo sonriendo.- La diferencia es que, cuando me lo dijo antes, todavía pensaba que yo podía controlarme. - Sus manos amasan mi culo. Yo cierro los ojos de gusto. Nuestros rostros están separados un palmo. - Todavía pensaba que los hombres de verdad son las que nos tratan como princesas. - Pega su vientre contra el mío o mejor dicho, su polla contra mi vientre. Acaricio su pecho desnudo y beso su pezón. Sabe a sal, probablemente del sudor. El olor a ginebra es bestial, sobre todo ahora que además yo también contribuyo. Sus manos siguen en mi culo. Yo separo la boca de su pezón un segundo para llevarlo al otro. Después me separo y pego mi pecho al suyo. Mis tetas se rozan con su vello. Quedamos totalmente pegados. Mis pezones se llenan de su sudor, su verga, por encima del pantalón, se clava en mi vientre, sus manos agarran mi culo. Pongo mi boca a un centímetro de la suya y tras mirarlo, cierro los ojos y abro la boca. Su polla ha crecido aún más. El olor a alcohol y tabaco es muy fuerte. Él respira pesadamente y con la boca abierta. Una boca que está a centímetros de la mía, que permanece abierta esperando que la invada.

Fugazmente pienso en Pablo. Pobre Pablo... aunque estoy empezando a cabrearme con él. Creo que el viejo lleva razón, que tanto que dice me quiere, pero no sabe hacerme feliz... no al menos como este hombre lo estás haciendo ahora. Si no sabe hacerme sentir así, tal vez debería entender que necesito a alguien que sí que lo haga... Joder, por un momento imagino la situación y casi me entra la risa. No, no va a entender que cruce el rellano para despelotarme para mi vecino mientras él se ríe su cara, diciéndole que se ha follado a su mujer.

Ojos cerrados y boca abierta esperando un beso...Un beso que no llega. En vez de eso, siento su lengua en mi barbilla y la noto ascender. Cuando llega a mi boca ya está dibujando una sonrisa. Mientras lame mi cara, aprovecha para, una vez que ya le he dicho que me va a follar, quitarse los pantalones. Obviamente las corridas anteriores provocan que esa liberación añada un ingrediente más a la mezcla de olores que desprende. Lleva mi mano a su rabo y comienzo a masajearlo. Entonces decido resolver mi duda.

- Antes, cuando subiste de la pisci... Te masturbaste mirándome, ¿verdad? ¿Te corriste cuando me colocaba el bikini? Porque, vecino, aunque me da vergüenza reconocerlo... creo que lo hice para eso....

- Ya lo sé vecina. Me di cuenta de que me pillaste tocándome, así que cuando vi que dejabas media teta fuera para mí me corrí como un salvaje mirándote. Mira. Allí está el pantalón manchado.

- Y los calzoncillos también, ya lo vi.

- Por supuesto que los viste. Puse tu pijama directamente sobre mi lefote en ellos jajaja.

- Sí me di cu...

Y de pronto, por sorpresa, tengo su le

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