El señor Manuel (VIII)


Infidelidad El señor Manuel (VIII) Nuestro vecino salió a ver la obra de su piso. Yo estaba en el salón viendo la tele cuando regresó, y me dijo que iba a dar una vuelta por el centro comercial, por si quería que trajera algo, y que vendría pronto para cenar. Me alegré mucho, ya que parece que todo volvía a la normalidad, y se quedaba con nosotros.

Cuando se levantó de la siesta José, le conté lo que había pasado, y la conversación que tuve con el señor Manuel, y que parece que, tras el susto, todo volvía a la normalidad.

La polla de José se había vuelto a poner dura cuando le conté que había visto el gran pene de nuestro vecino corriéndose y echando semen. Me empezaba a gustar este juego y ver como mi marido se excitaba, era como que volvíamos a ser chavales que nos calentábamos con facilidad. Fue acabar de contarle lo que pasó, y José se sentó junto a mí en el tresillo, y mientras me daba un beso húmedo, me despojó rápidamente de las bragas, me mandó ponerme a cuatro patas en el tresillo, y sin apenas tregua, se humedeció la polla con saliva, y entró con tal facilidad que me estremecí.

- ¡Cómo me pone que calientes al señor Manuel y tenga placer pensando en ti! - me dijo José mientras me follaba a cuatro patas. Estaba totalmente desatado, como hacía tiempo que no le veía, y eso me tenía a mí como una gata en celo, disfrutando a tope cada penetración.

Apenas llevaba medio minuto, cuando sentí los latidos de su pene soltando unas gotas de semen en mi interior. Se sentía tan rico, a pesar de no haberme corrido yo aún. Quedamos un tanto exhaustos uno a lado del otro en el tresillo. Yo con un buen sofocón entre el calor y la excitación, y José sin fuerzas, pero a los cinco minutos me empecé a tocar mi húmedo sexo y mi clítoris, y José llevó sus dedos a mi raja, acariciándome los labios, metiendo los dedos, y, una vez húmedos sus dedos, empezó a jugar con mi clítoris.

- Ábrete de piernas, cari, quiero ver como te corres pensando en nuestro vecino- mientras sus dedos me volvían loca.

Me tenía tan caliente que estaba entregada a cualquier cosa que me hacía y me decía.

- Imagina esa polla que entra en este sexo tan rico y te llena de semen.

Fue decir eso, y exploté de placer, mientras su dedo me pajeaba el clítoris. Ahora era yo la que quedó totalmente exhausta.

Nos fuimos a duchar para refrescarnos antes de que viniera el señor Manuel.

- José, ¿decías en serio eso de que te gustaría que me penetrara otro hombre?

- No me has comprendido. No quiero que te entregues a otro hombre, pero no sé lo que me pasa con nuestro vecino, reconozco que me pone un huevo pensar que le das placer, bien sea poniéndole cachondo como ya has hecho, o incluso más. No sabría explicártelo, pero me excita tanto que mi mujercita pueda excitar y dar placer a nuestro veterano amigo. Yo creo que es porque le veo tan buena persona, que pienso que no te haría daño.

- Pero, José, a mí nunca se me habría pasado por la cabeza que otro hombre me posea.

- Ni a mí, pero lo de nuestro vecino no sé por qué motivo, pero me calienta tanto fantasear con él y contigo. No sé, cariño, perdona si piensas que es que por esto no te quiero, al revés, te amo con locura más y más cada día. No me hagas sentir mal por esto.

- No quiero hacerte sentir mal, pero entiéndeme. Aunque tengo que reconocer que este juego que has empezado me calienta, y sobre todo porque te veo a ti tan caliente y pasional, que reconozco que me he excitado mucho. Pero una cosa es que fantaseemos y juguemos algo, y otra que vaya a pasar algo a mayores.

- Si te m*****a, dejamos a un lado estas fantasías. No quiero que te sientas mal.

- No sé qué decirte. Hoy me he asustado mucho con lo que ha pasado con nuestro vecino, pero como le he dicho a Manuel, que nuestra relación de pareja se ha revitalizado desde que él está en casa, y por otro lado quiero seguir disfrutando de ti en ese aspecto. Hacía mucho que no teníamos momentos tan intensos.

Dejamos la conversación a un lado, ya que sentimos que la puerta se abría. Nos acabamos de secar, y nos pusimos algo fresco para estar en casa. Yo solamente con unas bragas y una camisola, y José un pantalón corto de deporte.

Estuvimos hablando con nuestro vecino un rato de su piso, contándonos algunas cosas que vio en el centro comercial, y más temas corrientes.

Llegó la hora de ir a preparar la cena, y el señor Manuel se fue a duchar, mientras José me ayudó un poco antes de irse a afeitar.

Hacía un calor horroroso, pero José apareció para cenar con ambas piezas de pijama, la camiseta y el pantalón, y nuestro vecino también pero con uno que se había comprado de algodón de pantalón corto y camiseta.

Estuvimos cenando tranquilamente, y recogimos entre los tres la cocina para irnos a ver un poco la tele.

Mi marido y yo nos fuimos al otro baño a lavar los dientes, y al acabar me fui a poner un camisón de algodón que tengo bastante sencillo. José se acercó a mí, me lo quitó de las manos, y me dio uno de raso blanco y tirantes muy finos, que dejaba ver parte de mi escote, y dejaba mis pezones marcados y algo transparentados.

- Pero, José, ¿y nuestro vecino?

- Nuestro vecino ya te ha visto desnuda sobre la cama. Necesito verte bonita y fresquita de ropa.

Agarró el camisón, y me ayudó a ponerlo. Pero según íbamos a salir de la habitación, se acercó por detrás, y me dijo.

- Sin bragas, cariño.

Y sin darme tiempo, se agachó, y me quitó las bragas, haciéndome entrar en el salón solo con el camisón unos pasos por delante de él.

El señor Manuel estaba sentado en uno de los sillones laterales al tresillo, y no pudo evitar mirar con sorpresa al verme entrar con ese sensual camisón en el salón. Y justo detrás entró José, y sin cortarse un pelo, dijo:

- Manuel, has visto que bien le queda ese camisón a María. Ya le he dicho que no sea boba, que tiene cuerpo para lucir esas prendas tan bonitas. ¿No cree usted?

- Pues no me había fijado mucho, pero es que a María le queda todo muy bien. Tienes una mujer muy bonita, además de buena persona.

El señor Manuel me hizo sonrojarme con su amabilidad, aunque reconozco que parte del sonrojo venía por ir tan provocativa frente a él, y por ir sin bragas, que aunque no se notaba mucho, a mí me hacía sentir rara y más desnuda.

Nos sentamos José y yo en el tresillo, él más alejado del señor Manuel, y yo más cerca de su sillón, poniendo ambos los dos nuestros pies sobre la mesita del salón como hacíamos de costumbre antes de venir nuestro inquilino.

Yo me quedé medio dormida viendo la tele, y daba cabezadas, cuando me di cuenta entre cabezada y cabezada que José había tirado de mi camisón hacia arriba mostrando más pierna mía a mi vecino, y me hice la dormida. Entonces reconozco que fui algo mala, y pensé, si José quiere jugar, vamos a jugar. Y haciéndome la dormida, levanté en ángulo recto la pierna, dejando que el camisón mostrara algo de nalga hacia nuestro vecino, sintiendo como José también se hacía el dormido para mirar de reojo a Manuel por si miraba mi pierna y mi culito que asomaba por mi camisón levantado.


(Continuará...)



Comentarios para Perú chicas bonitas

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